En mi mesa: Hachis Parmentier de Aurélie

Conocí a Aurélie hace unos pocos meses. Desayunamos en Mamá Framboise un lluvioso domingo de noviembre, si mal no recuerdo, junto a la entrañable Rosilet y Tito, que andaban de paso por Madrid. Fue una mañana agradable y cálida, a pesar del frío y la lluvia que caía ese día. El ambiente acogedor de esta pastelería francesa, el café, los ricos pasteles y la animada charla que mantuvimos hicieron que el tiempo corriera veloz y que yo me sintiera como en casa en compañía de gente tan encantadora, a pesar de que era la primera vez que nos encontrábamos. Fue todo un placer conocerlos a los tres :)

Hace un par de semanas me encontré nuevamente con Aurélie. Esta vez también quedamos a desayunar, igualmente un domingo y para no variar, también la lluvia hizo acto de presencia esa mañana. En una cafetería de Santa Engracia, donde las camareras no eran especialmente amables, comimos (ella dulce y yo salado), bebimos (ella té y yo café) y charlamos… charlamos bastante, unas dos horas y media, para ser exactos, y que a mí se me fueron volando. Hablamos de todo un poco y entre otras cosas, le pregunté por su plato favorito. Entonces me confesó que el puré de patatas era el número uno, y terminó hablándome de su abuela, de su magnífico puré de patatas y del hachís parmentier que preparaba.

He hecho platos muy parecidos a éste, en concreto la variante inglesa del mismo, conocida como shepherd’s pie. Esta vez decidí seguir la receta de Aurélie al pie de letra, con la única diferencia de la leche en el puré de patatas (es que siempre le echo mantequilla y leche al puré de patatas). Es un plato sencillo pero extremadamente reconfortante, de esos que gustan a todo el mundo. El pan rallado es todo un acierto. Con esa capa crujiente, es imposible quedar indiferente. ¡Está riquísimo!

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Querida Aurélie, me hizo mucha ilusión preparar el hachis parmentier de tu abuela.  Son platos cargados de recuerdos y emociones, así que para mí tienen un valor especial. Muchas gracias por compartir la receta.

PD: Sólo espero que la próxima vez que quedemos, no llueva y podamos dar un buen paseo, ¿te parece?

Gözleme de cordero, espinacas y queso feta {De contrastes estacionales}

¡Buenos días, chicos!

¿Qué tal? Espero que bien….

 

Ya que es jueves y estamos a las puertas del fin de semana quería compartir con vosotros una receta muy propia para estos días, gözleme de cordero, espinacas y queso feta. Es una especie de pan pita relleno de origen turco, riquísimo, muy popular por aquellos lares como merienda o aperitivo, que se presta al picoteo y con un toque exótico que lo hace un poquito especial. Ideal para las cenas del viernes y el sábado, ¿no os parece?

Se pueden preparar con varios rellenos: espinacas y feta, sólo carne o incluso patata. La variante que os propongo y que combina carne, espinacas y feta queda riquísima, pues en mi opinión son tres ingredientes que casan a la perfección. Se preparan con masa yufka, y es bastante fácil de preparar. No hay que ser “experto” en la materia para atreverse con estos ricos gözleme, os lo aseguro. Y en cuanto al resultado, ¡para chuparse los dedos! Garantizado :-)

A la hora de estirar la masa es importante que no quede demasiado fina para evitar que se rompa una vez que hayamos rellenado el pan. En este caso, salen 4 panes bastante grandes, que se pueden dividir en 2 pedazos. El limón es un ingrediente clave, así que podéis aderezarlos con una buena cantidad de zumo recién exprimido por encima. Y también un poco de yogur griego (o turco) o incluso crème fraîche queda de maravilla.

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Hoy es el último día de febrero…¡cómo pasan los días! Mañana empieza marzo, un mes cargado de más luz, de aires primaverales y de nuevos comienzos. Mientras tanto, ésta es la estampa que tenemos por aquí….

Éste es un lago que está camino de la guardería de H&M y que está completamente helado. Parece mentira que en algún momento todo ese hielo se pueda derretir y que esos barcos puedan navegar por sus aguas como si nada…Estos contrastes estacionales no dejan de asombrarme.

A pesar de las bajas temperaturas, ella no parece tener mucho frío ;-) El sol ya empieza a calentar y todos los habitantes de la ciudad aprovechan cada rayo para llenarse de energía….

Feliz fin de semana. Nos vemos pronto con una receta dulce y deliciosa :)))

Picadillo a la Habanera {Preparándonos para el Adviento}

No sé bien por qué, pero hasta ahora no había publicado ni una sola receta cubana (mea culpa). No sé incluso si todos los lectores de Delicious Stories saben que nací en Cuba, aunque dejé mi pequeña isla buscando un futuro mejor hace ya 18 años. Llevo mucho tiempo sin ir por allá, más de 15 años, y aunque soy muy feliz fuera de Cuba, la nostalgia de mi tierra y de la gente que he dejado atrás resulta a veces dolorosa y difícil de soportar.

La otra noche soñé que estaba de visita en Cuba, en el pueblo de mi padre,  en casa de la señora que me cuidaba de pequeña y a quien yo llamaba “mama Esther”. La escena toda parecía tan real y las personas tan auténticas, al igual que la inmensa tristeza que sentí durante todo el sueño y  el llanto desconsolado que sufrí al verme nuevamente en aquella casa, tantos años después. Hoy me pregunto si Esther y su familia están bien y si el sueño que tuve acaso quería decirme algo… No es que crea demasiado en estas cosas, pero a veces los sueños te dejan sensaciones tan raras e inquietantes, que interpretarlos y encontrarles un sentido puede llegar a convertirse en una verdadera necesidad. No sé si me explico.

Pues con la mente puesta en Cubita la bella y con la melancolía a flor de piel,  cociné ayer este picadillo a la Habanera, uno de los platos más típicos de la gastronomía cubana. Ése que tantas mujeres cubanas han preparado durante generaciones y generaciones. No es un guiso sofisticado ni complicado de hacer, es un plato más bien simple, aunque contundente y con mucho sabor criollo. Es un clásico en nuestra casa y a mi marido le encanta. Siempre se pone muy contento cuando preparo mi versión del picadillo a la Habanera. Hoy la comparto con todos vosotros y os regalo un trocito de mi Cuba.

Se acompaña con arroz blanco y si es posible, con plátanos maduros fritos….y una cervecita bien fría. Carbohidratos por todos lados, lo sé, pero así es la comida del Caribe ;-) Espero os guste.

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Pues cambiando de tema y de continente, esta semana ha estado dedicada a los preparativos para el primer domingo de Adviento. Hemos confeccionado en familia nuestro calendario de Adviento, que este año estará compuesto de 24 sobres que hemos decorado todos juntos y que colgaremos en la cocina. 24 paquetitos bien monos que guardarán alguna sorpresita paraH&M, siempre que se porten bien, claro está ;-)

También tengo la intención de decorar esta corona, a ver qué tal me sale. No soy muy ducha en el terreno de las manualidades, es un mundo bastante nuevo para mí. A ver si mañana la termino y en mi próxima entrada os enseño el resultado.

Habrá que ir sacando los candelabros de Adviento, los adornos de Navidad, las tacitas para tomar  glögg y los moldes para preparar las galletas de jengibre. ¡Tengo muchos planes para H&M estas Navidades! 

Todo trabajo manual resulta más reconfortante con algo para merendar, ¿verdad?.  Unos rollitos de canela sientan de maravilla, sobre todo si son hechos en casa. Si os interesa, aquí podéis encontrar la receta (el de la foto está relleno de mantequilla, azúcar, canela y pasta de almendra). ¡Maravilloso, no digo más!

Bueno, es todo por hoy. Este fin de semana a nosotros se presenta movidito. Que el vuestro sea estupendo de principio a fin. Pasadlo bien :)

Blinchiki s miasom (o simplemente Blinys rellenos de carne) para Carmen

Recetas de tía Alia cumple un añito de vida y su autora Carmen nos ha propuesto participar en el concurso que ha organizado para celebrar su primer cumpleblog. Como conozco a Carmen y puedo dar fe de que es una persona encantadora, no podía dejar de participar en su concurso. Es mi manera de felicitarla, de darle las gracias por su cariño, su simpatía y cómo no, por sus magníficas recetas. Desde aquí te deseo mucho éxito, Carmen. Tanto para tu blog como para todas los proyectos que emprendas en un futuro. Enhorabuena, guapísima, y que la dicha te acompañe!

La idea del concurso es presentar una receta de la cocina tradicional, de esas de toda la vida. Recuerdo que cuando leí el tema, le pregunté enseguida a Carmen si valía presentarse con recetas tradicionales de otros países. He crecido con la comida de dos culturas muy, muy diferentes: Cuba y Rusia. Muchos son los platos que han marcado mi niñez y me llevan a soñar con tiempos pasados y con gente que ya no está entre nosotros. En momentos así no puedo no acordarme de las natillas y el arroz con leche de mi abuela cubana Ana. O de su sopa de pollo, sin ir más lejos. También me vienen a la mente las frituras de malanga, los buñuelos de yuca que cenábamos en Nochevieja o los maravillosos batidos de mamey, guanábana o chirimoya, imposibles de recrear aquí en Suecia, pues son frutas que no se suelen importar….(¡qué pena, madre mía!) Son los aromas y sabores de mi tierra y de su comida criolla. Se trata de platos sencillos y sin grandes pretensiones, pero que una vez invocados acuden a nuestra mente cargados de fuertes recuerdos y asociaciones.

Y en el otro extremo tenemos la comida rusa con esa magnífica variedad de sopas, ensaladas frías, pasteles y empanadas. Teniendo una madre rusa, como es mi caso, la tradición culinaria de su patria siempre ha estado muy presente en nuestra casa. Y eso que los veintitantos años que vivió en Cuba han dejado una huella imborrable en la manera de cocinar de mi mami. Desde pequeña me vuelven loca los blinys, así que ver a mi mamá en la cocina preparando una buena cantidad era una verdadera fiesta. Tampoco puedo olvidarme de los pasteles y empanadas que preparaba mi abuela Lena y con los que siempre solía recibirnos cada vez que llegábamos de Cuba a pasar el verano con ella en Rusia. Son aromas que inundaban su cocina y su pequeña casa.  Imposibles de olvidar, no sólo por el sabor y la textura de aquellas extraordinarias empanadas, sino por la sensación de felicidad que reinaba en toda la casa durante el tiempo de espera, que por otro lado, se hacía eterno. 

Así las cosas, no me resultaba nada fácil decidirme por una receta. Al final escogí ésta que os presento hoy y que espero os guste. Se trata de unos blinys rellenos de carne, un plato típico ruso y que suele prepararse en ocasiones un poco más especiales. No son nada difíciles de hacer y el resultado es delicioso. Mi madre los ha preparado en innumerables ocasiones y siempre ha sido un rotundo éxito. Yo llevaba un par de años sin prepararlos, no sé bien por qué, así que me alegro de haber rescatado esta receta del baúl de los recuerdos. Hoy mis hijos probaron estos blinchikis rellenos de carne por primera vez y no sabéis con qué gusto se comieron dos unidades cada uno. Sus caras eran todo un poema, y yo la mami más feliz del mundo!!!!

La masa de estos blinys lleva 3 huevos, ya que ésta tiene que tener una consistencia firme y algo elástica, aún estando suave. Necesitamos que sea resistente y no se rompan con el relleno. 

El paso final de dorar los blinys es crucial: hace que éstos queden crujientes por fuera, pero suaves y jugosos en su interior. Una verdadera maravilla, os lo prometo!!!!

Se suelen acompañar de smetana, una especie de nata agria rusa. Si no la podéis encontrar (es posible hacerlo en tiendas de alimentación eslavas), podréis reemplazarla por crème fraîche o cualquier otra salsa que os guste. O comerlos tal cual, recién sacados de la sartén, tal y como los devoraron H&M en un visto y no visto.

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Carmen, espero que mi propuesta te haya parecido interesante y que te animes a preparla algún día. Verás cómo tus hijos te lo agradecen ;-)

Feliz fin de semana a todos. Besos mil :)

Vuelta a casa

Ya estamos de vuelta tras nuestra escapada a Salzburgo. Otra vez en casa, en mi cocina, con lluvia, frío y un aire gélido e impertinente capaz de hacer trizas cualquier sueño que podamos tener con la primavera y su calorcito. El tiempo no parece habernos recibido de la mejor manera, pero estamos nuevamente en casa y eso es lo que importa. 

En cualquier caso, no sólo llueve en Estocolmo. Por Austria y el sur de Alemania también llovía la semana pasada, y con eso me consuelo un poquito, a pesar de los grados de más y de los árboles en flor que casi me hicieron perder la razón por culpa de tanta belleza.

Como he vivido en varios países tengo el síndrome del desarraigo, para bien y para mal. Me obsesiona la idea de encontrar el lugar perfecto para vivir. No sé si existe, hasta ahora no lo he encontrado, pero yo lo imagino en mis sueños y lo busco en cada viaje que hago. Siempre que llego a un sitio nuevo me pregunto una y mil veces si podría vivir allí e intento buscar una respuesta concreta a esa pregunta. Una pregunta que por otro lado, no deja de ser hasta cierto punto retórica. No sé si mi país o ciudad ideal existe, me temo que no, pero en mis fantasías creo que no dejaré de buscarlo jamás, aunque simplemente sea una especie de juego.

Partiendo de que cada ciudad, país o continente tiene sus propios encantos, hay algunos lugares que nos llegan más al alma que otros y que nos enamoran perdidamente para toda la vida. Si bien un pedazo de mi corazón siempre estará ligado al Mediterráneo (aunque yo haya nacido más bien en el Caribe), otro pedazo no menos grande se siente identificada con el centro de Europa, no sé bien por qué . Tal vez son mis genes rusos que tiran para este lado del globo, aunque Rusia sea bastante diferente…

Del Mediterráneo amo su variedad de paisajes, de culturas y la apasionante historia de las civilizaciones que se han desarrollado en sus costas durante siglos y siglos. Por otro lado, Europa central tiene un no sé qué que me emociona profundamente cada vez que la visito. Además de la belleza del paisaje, me quedo extasiada recorriendo el casco antiguo de sus ciudades o disfrutando de la belleza idílica de esos pequeños pueblos donde todo se ve tan limpio y cuidado que me dan ganas de sufrir un arrebato, agarrar la maleta y bajarme corriendo del tren para empezar una nueva vida igual de idílica… 

Sé que la realidad es más compleja y no todo es oro lo que reluce. Como meros turistas vamos probando y saboreando realidades nuevas, sin poder hacernos una clara idea del resultado final. 

Después de toda esta historia creo que está de más decir que me encantó Salzburgo. No sé si me quedaría a vivir allí, pero ciertamente es una pequeña ciudad con muchísimo encanto. Si viajas allí podrás:

  • tirarte una foto en el aeropuerto nada más llegar con las montañas nevadas de fondo (prometo que la gente lo hace, aunque a mí no me dio por eso)
  • dar estupendos paseos a lo largo del río Salzach o
  • disfrutar de un paseo en carruaje por la ciudad
  • visitar los mercados al aire libre, donde venden productos típicos, pan y bollería casera
  • además de la tarta Sacher y del strudel, comer schnitzel al estilo de Viena o de Salzburgo
  • tomar cerveza, claro está ;-)
  • ir a esquiar, si te gusta
  • ir en tren hasta la ciudad alemana de Munich
  • subir a la fortaleza Hohensalzburg en funicular, desde donde se ven unas magníficas vistas de la ciudad
  • comerte al menos un bretzel al día, porque están buenísimos

Y más cosas….. pero eso que lo decida cada cual. Éstas son tan sólo las sugerencias de una pareja con niños pequeños y sus limitaciones ;-)

Os aseguro que mis dos diablillos disfrutaron de lo lindo de Salzburgo, al igual que sus papis :)

No me digáis que no le quedan bien esos sombreros ;-)

Bueno, y siguiendo la temática austríaca o centroeuropea debería haber traído una receta de aquellos lares, ¿verdad? Pues lo cierto es que traigo una comida inspirada más bien en el Mediterráneo. Se trata de unas ricas albóndigas de cordero y menta y una ensalada de zanahoria realmente deliciosa. Desde que di con la receta de esta ensalada hace un par de meses, la he preparado ya varias veces, pues desde el primer momento fue todo un éxito. Es fresca pero con carácter y tiene una mezcla de sabores muy interesante. Más que recomendable, os lo prometo.

La receta original no lleva ningún tipo de frutos secos. Sin embargo, creo que éstos le vienen de maravilla, pues el sabor dulce de las sultanas contrasta con el sabor salado del queso feta y las aceitunas kalamata. Si no podéis encontrar estas aceitunas, las podréis sustituir por otras aceitunas negras de sabor fuerte.

Espero os guste mi propuesta de hoy. Ya me contaréis.

Nos vemos pronto :)

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