Receta: Borsch {un trocito de nuestra historia}

Muy buenas, queridos amigos. ¡Feliz entrada de año! Espero que hayáis empezado el 2014 con buen pie y que éste sea un año magnífico para todos vosotros.

He estado ausento más de lo esperado,  y es que hemos tenido un fin de año un poco intenso con visitas familiares, episodios varios de gripe invernal y días de trabajo en la oficina… Me hubiese encantado estar de vacaciones y disfrutar de la Navidad con algo más de calma para saborear cada uno de sus días, pero ya sabemos que las cosas no siempre resultan como una desea.

Llevaba tiempo queriendo publicar la receta del borsch, una de mis sopas favoritas y que desde que tengo uso de razón, siempre nos ha acompañado en nuestra familia, al igual que los pelmeni, los blinys y demás platos rusos. Es de origen ruso, o para ser más exactos, ucraniano, ya que la versión tradicional rusa no lleva remolacha (se llama schi), que es la encargada de darle ese color tan intenso, entre burdeos y púrpura, y que tanto me gusta.

Además de la solianka, otra exquisita sopa, el borsch es una de las recetas rusas más conocidas en todo el mundo. Reconozco que nunca he preparado la solianka, pero estoy decidida a hacerla próximamente, para poder compartir con vosotros la receta antes de que termine el invierno. (Os lo prometo).

Como ocurre casi siempre con platos tan populares, existen muchísimas recetas de borsch, aunque yo voy a compartir con vosotros la receta de mi mami, que para mí es la mejor :)

Hicimos esta sopa hace unos días, cuando mis padres aún estaban aquí. Apunté todos las cantidades y pasos según la íbamos preparando. Es importante cortar las verduras, como la remolacha, la zanahoria y el apio en trocitos pequeños, más bien en bastoncillos, o en juliana. El eneldo, que se usa muchísimo en la cocina rusa, le da un sabor y aroma magníficos, así que os recomiendo hacer lo posible por conseguirlo (en el supermercado del CI lo suelen tener sin problemas). Ah, y no dejéis de acompañarla con crème fraîche o yogur griego. Ese toque ácido le sienta de maravillas.

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Como comprenderéis, el borsch es para mí mucho más que una simple sopa. Cada vez que me siento frente a un humeante plato de borsch, mi mitad rusa sale a flote, desplazando lo cubano, lo sueco y todo lo demás, mientras llena mi cabeza de entrañables recuerdos. Recuerdos que me llevan a la infancia, a Rusia y a los veranos que allí pasé con mi madre y mi abuela Lena.

Sé que H&M no van a tener los mismos recuerdos que yo cuando coman  borsch de mayores, pues nunca han estado en Rusia ni tienen los mismo lazos con ese país, donde yo viví varios años. Sin embargo, con que recuerden a su abuela Galia, mi madre, con el mismo amor con el que yo recuerdo a mi abuela Lena yo ya sería inmensamente feliz. A ella le debo no sólo mi nombre, por cierto, sino muchos de los mejores recuerdos de mi infancia.

No sabéis la ilusión que me ha hecho compartir la receta de hoy. Tengo muchos libros de cocina rusa con más de una receta de borsch, pero ésta es nuestra receta familiar y con ella os dejo un trocito de nuestra historia. Espero os animéis a prepararla. Si os gustan las sopas, os va a encantar.

Que tengáis una estupenda semana. Nos vemos en unos días. Sed muy felices.

Soupe au pistou {De comportamientos gatunos}

Mañana de sábado. Estoy sola en casa, donde reina la tranquilidad y el silencio. Hace algo de frío fuera, aunque por las ventanas del salón entran unos tímidos rayos de sol otoñal que en en cuestión de minutos logran calentar la estancia.  Me gusta estar en el salón a estas horas, así que me dispongo a disfrutar de un buen rato en el sofá, rodeada de libros y con  manta y café  incluidos (algo parecido a la felicidad absoluta).

Sólo Milú me acompaña, quien estratégicamente tumbado en el sitio más caluroso del sofá, pasa la mañana durmiendo, ajeno a todo y centrado exclusivamente en su propio bienestar. Así son los gatos, de quienes siempre me ha fascinado la capacidad que poseen de encontrar a su alrededor comodidad, confort y armonía . En ese sentido soy un poco gatuna, siempre ando buscando el bienestar e intento rodearme de un entorno tranquilo y armonioso, favorable por tanto a la reflexión y creatividad.

Es un placer ver dormir a Milú y tumbarme a su lado. Son momentos de calma que duran lo mismo que un suspiro y que hoy en día son más escasos que nunca.

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Mientras leo y pienso en mis cosas, me reconforta la idea de una humeante sopa de verduras, preparada con amor y mimo e ideal para consumir durante las épocas más frías del año. Afortunadamente, no se trata de una mera idea, ya que esta soupe au pistou es tan real como el  olor que insistentemente me llega desde la cocina y la escasa hora que  me tomó prepararla.

En cuestión de minutos, el hambre ha hecho acto de presencia en mi vida y ya no estoy tan conforme con esta situación de calma y sosiego. Me muero de ganas de oír lo pasos de H&M por el pasillo, el chirrido de la puerta de entrada y el alboroto de los pequeños al entrar. No veo la hora de levantarme del sofá y sentarnos a la mesa, todos juntos e increíblemente hambrientos, para disfrutar de una rica soupe au pistou, mientras la acompañamos de un poco de vino y un trozo de pan. Son momentos para no olvidar…aunque sí para repetir siempre que sea posible.

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Os dejo con estas maravillosas calas moradas que compré hace más de dos semanas. Durante todo este tiempo han adornado el salón de casa con su mera presencia y se han  mostrado espléndidas, frescas y sin el más mínimo signo de deterioro. Ojalá todas las flores duraran tanto.

¡Hasta pronto!

 

Sopa Griega Avgolemono {Atardeceres de Gotland}

Hace unos días que volvimos de Gotland y después de haberla recorrido de norte a sur, me quedo con sus ruinas, los abundantes tejados rojos que inundan el paisaje de Visby y sus mágicos atardeceres. Atardeceres inolvidables junto al mar y a la vieja muralla medieval que rodea la ciudad y unos paseos que me hicieron reflexionar sobre el paso del tiempo y las huellas que generaciones anteriores han ido dejando a su paso con el devenir de los años.

Con sus innumerables ruinas, sus raukar y la arquitectura medieval de Visby, su capital, Gotland parece una isla encantada, y yo no entiendo cómo he podido tardar tanto tiempo en conocerla. Es un entorno de ensueño, ideal para los amantes de la fotografía, donde cada rincón esconde tesoros e historias no contadas.

Es una pena que fuera del país, no sea demasiado conocida. Si algún día tenéis la oportunidad de visitarla, por favor, no la dejéis escapar. Una travesía de tres horas por el mar Báltico os acercará a un mundo fascinante y sugerente, en el que la naturaleza, la historia y las tradiciones vikingas están muy entremezcladas. Más que recomendable…casi que imprescindible.

Pues tras un paseo de estos junto al mar, nada sienta mejor que una rica sopa humeante y reconfortante. Esta sopa griega de pollo es un plato ideal para entonar cuerpo y alma. Su salsa de huevo y limón se convierte en el ingrediente estrella, ya que es la encargada de aportarle ese sabor tan característico. Su nombre, avgolemono, se debe a estos dos ingredientes fundamentes: avgo, que en griego significa huevo, y lemono, limón. Tengo que decir que al tratarse de una receta tradicional, hay muchas versiones diferentes, con más y menos ingredientes, más y menos largas. Esta es una versión bastante rápida y fácil de preparar, así que cuando la vi en la revista de Jamie Oliver, supe que tenía que hacerla sí o sí.

Si no os gusta demasiado el punto  ácido del limón, os sugiero echar menos cantidad de zumo. Con un limón o incluso algo menos, bastaría. Yo le eché limón y medio y a Maia no le gustó demasiado por esta razón. Por lo tanto, si cocináis para niños, como yo, os recomiendo que la hagáis menos ácida. Sin embargo, para mi gusto estaba perfecta.

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{In English, please!}

This Greek chicken soup  is simply delicious and extremely comforting. Its sauce, made with eggs and lemon juice (hence the name, avgo-lemono), is the key ingredient, as it’s responsible for giving the soup a thicker texture and a wonderful taste and color. Being this one a traditional dish, there are many different recipes for preparing it. However, I’ve chosen this one, as it’s quite simple and quick to make. When I saw it in Jamie’s magazine, I knew I just had to try it!

{Print & Download the Recipe}

If you’re not so fond of lemons, I’d recommend you to lower the amount of lemon juice. That way it won’t get so sour, especially if you’re cooking for small children, like myself ;-)

Espero que os haya gustado mi sopita griega y que tengáis un estupendo fin de semana. Nos vemos en unos días con más recetas :-)

Hope you like today’s recipe as much as I do. I’m just crazy about soups, I really am :) Wishing everyone a wonderful weekend! I’ll be back soon with more delicious stuff ;-)

Crema de coliflor y queso Gruyère {Mañana no es un día cualquiera}

El invierno nos malcría de vez en cuando regalándonos espléndidos días de sol. Días en los que hay que salir a la calle sí o sí a respirar aire fresco y a perseguir las huellas que el sol y las sombras  van dejando en las fachadas y calles de la ciudad.

A veces hasta me veo obligada a cerrar las persianas de casa para evitar tanto resplandor. El sol puede llegar a ser también un poco inoportuno, incluso aquí en el norte de Europa. A pesar de todo, hace frío, pues estamos en pleno invierno. Por lo tanto, los guisos y sopas nos siguen acompañando casi a diario, algo que me alegra inmensamente pues soy muy amante de los platos de cuchara. Con su poder reconfortante, tienen el don de hacerme feliz y de transportarme a la infancia, cuando las cosas eran más sencillas y era mi madre la que guisaba ricas sopas, casi siempre de origen ruso. De la misma forma, he intentado inculcarle a mis hijos el amor por las sopas y cremas. Ellos las comen sin problemas, y lo que es más importante, las disfrutan mucho.

Me encanta verlos comer, cuando lo hacen con ganas. Soy un poco pesada, pues durante la comida, les pregunto varias veces si está rico y si les gusta lo que comen. Ver cómo me responden de vuelta, asintiendo enérgicamente con la cabeza es de las mayores alegrías que me pueden dar. Y si luego al terminar se me acercan y me dan las gracias por la comida, el riesgo de comérmelos a besos y de empacharme de tanto amor materno es ya bastante serio. En esos momentos hasta se me puede olvidar cuando hacen totalmente lo contrario: salir disparados de la mesa, sin pedir permiso ni dirigirnos una mirada, una vez que han terminado de comer…. o lo que es peor aún, sin haber finalizado.

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Bueno, el caso es que esta crema de coliflor fue del gusto de todos los habitantes de la casa. Me costó un poco de trabajo convencer a Maia de que NO era una crema de plátano…. imagino que por el color ;-) En cualquier caso, está riquísima y os animo a que la preparéis sin falta antes de que finalice el invierno. 

Me tenéis que perdonar tanta charla sobre H&M y su comportamiento. Sé que no es del todo relevante, pero es que mañana es un día especial, y yo ando un poco sensible. Mañana estaremos de cumpleaños, pues Hugo y Maia cumplen 4 años. Mis dos tesoros, qué grandes están ya….

Ahora me queda ver con qué puedo homenajearlos mañana para cenar. Quiero que disfruten, que se lo coman todo todito, aunque creo que esta vez serán los papis los que tendrán que darles las gracias a ellos por estos cuatro años tan intensos y emocionantes.

Y que vengan muchos más. ¡¡¡Muchísimas felicidades, H&M!!!

Sopa cremosa de pollo y puerro {De placeres invernales}

El invierno nórdico tiene sus encantos. Aunque haga mucho frío, tiene cosas que enamoran, y cada día me convenzo más. Sobre todo, si se sabe disfrutar de ellas como lo hacen por estas tierras. 

El sábado por la tarde di un paseo alrededor del lago que está cerquita de casa y a pesar de los -15 grados, volví feliz, con la mente despejada y las pilas bien cargadas….y tiritando de frío también, para qué nos vamos a engañar…. Sacar fotos era todo un reto, así que después de tirar unas pocas, decidí dejar el reportaje fotográfico para un día algo más cálido.

La mera visión del lago congelado y la gente paseando, patinando o esquiando por la superficie me parece bella y de lo más curiosa. En días de sol como éste, el lago se llena de muchísimas personas que vienen de los alrededores a pasar un buen rato al aire libre. Muchos se traen la comida o merienda, o al menos el termo de café. Llegué incluso a ver a una familia que disfrutaba de un verdadero picnic tumbados sobre el hielo encima de una manta…. Y  los que no traen de casa tentempié alguno, pueden comprarse un perro caliente en un carrito que se instala en el medio del lago. Todo facilidades, aunque ya que estamos, un carrito vendiendo chocolate caliente tampoco estaría de más.

Hugo tuvo ayer su primera experiencia con los patines. Fue un fracaso total, no le gustó mucho y tanto el padre como él volvieron un poco frustrados. Pero es normal,  no se aprende a patinar en cinco minutos y será cuestión de volver a intentarlo. Maia está enferma y todavía no ha vivido la experiencia. Ya veremos qué tal le va, aunque primero tendremos que comprarle unos patines…

Llegar a casa después de un paseo como éste y entrar en calor con un cuenco de sopa es un placer casi indescriptible. Nada se agradece más que un plato calentito y “con sustancia”, como es el caso de esta sopa de pollo y puerro, sobre todo si se acompaña con un buen pan rústico y un vino tinto con carácter. Para mí, es éste también uno de los placeres del invierno.

Preparé esta sopa pensando sobre todo en mi pequeña Maia, que enferma como está, es de las mejores cosas que  le puedo ofrecer, aunque su apetito no sea el mejor en estos días. Sin embargo, no hay que estar enfermo para disfrutar de esta deliciosa crema; en casa gustó mucho a toda la familia.

Dicen que con pan y vino se hace el camino, ¿no? Doy fe de que es así :)

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Sopa cremosa de pollo y puerro

Bueno, espero os haya gustado la receta de hoy. Ya me contaréis. Gracias mil por esta ahí :)

Os deseo un feliz comienzo de semana.

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