Sopa Griega Avgolemono {Atardeceres de Gotland}

Hace unos días que volvimos de Gotland y después de haberla recorrido de norte a sur, me quedo con sus ruinas, los abundantes tejados rojos que inundan el paisaje de Visby y sus mágicos atardeceres. Atardeceres inolvidables junto al mar y a la vieja muralla medieval que rodea la ciudad y unos paseos que me hicieron reflexionar sobre el paso del tiempo y las huellas que generaciones anteriores han ido dejando a su paso con el devenir de los años.

Con sus innumerables ruinas, sus raukar y la arquitectura medieval de Visby, su capital, Gotland parece una isla encantada, y yo no entiendo cómo he podido tardar tanto tiempo en conocerla. Es un entorno de ensueño, ideal para los amantes de la fotografía, donde cada rincón esconde tesoros e historias no contadas.

Es una pena que fuera del país, no sea demasiado conocida. Si algún día tenéis la oportunidad de visitarla, por favor, no la dejéis escapar. Una travesía de tres horas por el mar Báltico os acercará a un mundo fascinante y sugerente, en el que la naturaleza, la historia y las tradiciones vikingas están muy entremezcladas. Más que recomendable…casi que imprescindible.

Pues tras un paseo de estos junto al mar, nada sienta mejor que una rica sopa humeante y reconfortante. Esta sopa griega de pollo es un plato ideal para entonar cuerpo y alma. Su salsa de huevo y limón se convierte en el ingrediente estrella, ya que es la encargada de aportarle ese sabor tan característico. Su nombre, avgolemono, se debe a estos dos ingredientes fundamentes: avgo, que en griego significa huevo, y lemono, limón. Tengo que decir que al tratarse de una receta tradicional, hay muchas versiones diferentes, con más y menos ingredientes, más y menos largas. Esta es una versión bastante rápida y fácil de preparar, así que cuando la vi en la revista de Jamie Oliver, supe que tenía que hacerla sí o sí.

Si no os gusta demasiado el punto  ácido del limón, os sugiero echar menos cantidad de zumo. Con un limón o incluso algo menos, bastaría. Yo le eché limón y medio y a Maia no le gustó demasiado por esta razón. Por lo tanto, si cocináis para niños, como yo, os recomiendo que la hagáis menos ácida. Sin embargo, para mi gusto estaba perfecta.

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{In English, please!}

This Greek chicken soup  is simply delicious and extremely comforting. Its sauce, made with eggs and lemon juice (hence the name, avgo-lemono), is the key ingredient, as it’s responsible for giving the soup a thicker texture and a wonderful taste and color. Being this one a traditional dish, there are many different recipes for preparing it. However, I’ve chosen this one, as it’s quite simple and quick to make. When I saw it in Jamie’s magazine, I knew I just had to try it!

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If you’re not so fond of lemons, I’d recommend you to lower the amount of lemon juice. That way it won’t get so sour, especially if you’re cooking for small children, like myself ;-)

Espero que os haya gustado mi sopita griega y que tengáis un estupendo fin de semana. Nos vemos en unos días con más recetas :-)

Hope you like today’s recipe as much as I do. I’m just crazy about soups, I really am :) Wishing everyone a wonderful weekend! I’ll be back soon with more delicious stuff ;-)

Crema de coliflor y queso Gruyère {Mañana no es un día cualquiera}

El invierno nos malcría de vez en cuando regalándonos espléndidos días de sol. Días en los que hay que salir a la calle sí o sí a respirar aire fresco y a perseguir las huellas que el sol y las sombras  van dejando en las fachadas y calles de la ciudad.

A veces hasta me veo obligada a cerrar las persianas de casa para evitar tanto resplandor. El sol puede llegar a ser también un poco inoportuno, incluso aquí en el norte de Europa. A pesar de todo, hace frío, pues estamos en pleno invierno. Por lo tanto, los guisos y sopas nos siguen acompañando casi a diario, algo que me alegra inmensamente pues soy muy amante de los platos de cuchara. Con su poder reconfortante, tienen el don de hacerme feliz y de transportarme a la infancia, cuando las cosas eran más sencillas y era mi madre la que guisaba ricas sopas, casi siempre de origen ruso. De la misma forma, he intentado inculcarle a mis hijos el amor por las sopas y cremas. Ellos las comen sin problemas, y lo que es más importante, las disfrutan mucho.

Me encanta verlos comer, cuando lo hacen con ganas. Soy un poco pesada, pues durante la comida, les pregunto varias veces si está rico y si les gusta lo que comen. Ver cómo me responden de vuelta, asintiendo enérgicamente con la cabeza es de las mayores alegrías que me pueden dar. Y si luego al terminar se me acercan y me dan las gracias por la comida, el riesgo de comérmelos a besos y de empacharme de tanto amor materno es ya bastante serio. En esos momentos hasta se me puede olvidar cuando hacen totalmente lo contrario: salir disparados de la mesa, sin pedir permiso ni dirigirnos una mirada, una vez que han terminado de comer…. o lo que es peor aún, sin haber finalizado.

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Bueno, el caso es que esta crema de coliflor fue del gusto de todos los habitantes de la casa. Me costó un poco de trabajo convencer a Maia de que NO era una crema de plátano…. imagino que por el color ;-) En cualquier caso, está riquísima y os animo a que la preparéis sin falta antes de que finalice el invierno. 

Me tenéis que perdonar tanta charla sobre H&M y su comportamiento. Sé que no es del todo relevante, pero es que mañana es un día especial, y yo ando un poco sensible. Mañana estaremos de cumpleaños, pues Hugo y Maia cumplen 4 años. Mis dos tesoros, qué grandes están ya….

Ahora me queda ver con qué puedo homenajearlos mañana para cenar. Quiero que disfruten, que se lo coman todo todito, aunque creo que esta vez serán los papis los que tendrán que darles las gracias a ellos por estos cuatro años tan intensos y emocionantes.

Y que vengan muchos más. ¡¡¡Muchísimas felicidades, H&M!!!

Sopa cremosa de pollo y puerro {De placeres invernales}

El invierno nórdico tiene sus encantos. Aunque haga mucho frío, tiene cosas que enamoran, y cada día me convenzo más. Sobre todo, si se sabe disfrutar de ellas como lo hacen por estas tierras. 

El sábado por la tarde di un paseo alrededor del lago que está cerquita de casa y a pesar de los -15 grados, volví feliz, con la mente despejada y las pilas bien cargadas….y tiritando de frío también, para qué nos vamos a engañar…. Sacar fotos era todo un reto, así que después de tirar unas pocas, decidí dejar el reportaje fotográfico para un día algo más cálido.

La mera visión del lago congelado y la gente paseando, patinando o esquiando por la superficie me parece bella y de lo más curiosa. En días de sol como éste, el lago se llena de muchísimas personas que vienen de los alrededores a pasar un buen rato al aire libre. Muchos se traen la comida o merienda, o al menos el termo de café. Llegué incluso a ver a una familia que disfrutaba de un verdadero picnic tumbados sobre el hielo encima de una manta…. Y  los que no traen de casa tentempié alguno, pueden comprarse un perro caliente en un carrito que se instala en el medio del lago. Todo facilidades, aunque ya que estamos, un carrito vendiendo chocolate caliente tampoco estaría de más.

Hugo tuvo ayer su primera experiencia con los patines. Fue un fracaso total, no le gustó mucho y tanto el padre como él volvieron un poco frustrados. Pero es normal,  no se aprende a patinar en cinco minutos y será cuestión de volver a intentarlo. Maia está enferma y todavía no ha vivido la experiencia. Ya veremos qué tal le va, aunque primero tendremos que comprarle unos patines…

Llegar a casa después de un paseo como éste y entrar en calor con un cuenco de sopa es un placer casi indescriptible. Nada se agradece más que un plato calentito y “con sustancia”, como es el caso de esta sopa de pollo y puerro, sobre todo si se acompaña con un buen pan rústico y un vino tinto con carácter. Para mí, es éste también uno de los placeres del invierno.

Preparé esta sopa pensando sobre todo en mi pequeña Maia, que enferma como está, es de las mejores cosas que  le puedo ofrecer, aunque su apetito no sea el mejor en estos días. Sin embargo, no hay que estar enfermo para disfrutar de esta deliciosa crema; en casa gustó mucho a toda la familia.

Dicen que con pan y vino se hace el camino, ¿no? Doy fe de que es así :)

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Sopa cremosa de pollo y puerro

Bueno, espero os haya gustado la receta de hoy. Ya me contaréis. Gracias mil por esta ahí :)

Os deseo un feliz comienzo de semana.

Crema de puerro con azafrán y Pan en cocotte con polenta {Un dos por uno muy invernal}

Hoy vuelvo a comenzar con un “¡buenos y muy nevados días!” No sabéis la tormenta de nieve con la que ha amanecido Estocolmo, y que a estas horas de la mañana sigue in crescendo. No ha parado de nevar en toda la noche, pero lo peor es el viento que acompaña la nieve. Incluso estamos en alerta, noticia que me comunicó mi mamá por teléfono a las 7 de la mañana.

Creo que las ventiscas es lo que menos me gusta del invierno. Todo se complica tanto, la calle se vuelve tan poco hospitalaria que da miedo asomarse a la ventana. En días así, el invierno pierde ese halo de romanticismo que sin lugar a dudas puede llegar a tener. Sin embargo, hoy no, hoy no hay cabida para el romanticismo ni diversiones invernales. Al otro lado del cristal sólo veo frío, potentes ráfagas de viento polar, incomodidad, montículos de nieve que aún no ha dado tiempo limpiar y complicaciones en las carreteras y en el transporte público. Ufff, no es un buen día.

En días como hoy no hay mejor plan que estar en casa y cocinar, al menos para mí. Calentar el cuerpo con un buen cuenco de sopa humeante y acompañarlo con una rebanada de pan es uno de esos pequeños placeres que dan mucha satisfacción y que está al alcance de cualquiera. Y más cuando se trata de un pan estupendo como el que traigo hoy, hecho en casa y con bastante poco esfuerzo durante su preparación. Lo que sí necesitamos es tiempo para el levado, pero por lo demás, es de los panes más sencillos que he hecho nunca.

En cuanto a la crema, es la típica de puerro y patata que seguramente muchos han preparado en más de una ocasión. El elemento “novedoso” es el toque de azafrán y nuez moscada, algo que le sienta genial. El resultado es una crema sabrosa y de color vibrante. Muy recomendable, si queremos variar un poquito esos platos clásicos de toda la vida.

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Pan en cocotte con polenta

Y ahora hablemos un poco de este maravilloso pan, que se hornea en cazuela y que es ideal para iniciarnos en el mundo del pan casero, ya que apenas requiere de amasado y con unos resultados estupendos. La polenta le aporta una corteza crujiente y un bonito color,  mientras que la miga es jugosa, suave y esponjosa. 

Por el largo tiempo de levado que requiere este pan (entre 12 y 18 horas), recomiendo comenzar con su elaboración la tarde noche del día anterior. A la mañana siguiente podremos continuar con el proceso. Es importante que la masa repose en un cuenco grande, tapada con un film plástico en un sitio a temperatura ambiente, donde no haya corrientes de aire ni haga mucho frío. Os animo a prepararlo, veréis que con algo de tiempo pero poco esfuerzo podemos disfrutar de una rica hogaza de pan que, al ser casero, a mí me sabe mejor todavía ;-)

Bueno, pues espero que os hayan gustado las dos recetas de hoy. No concibo tomar un plato de sopa o crema sin pan, así que decidí publicarlas a la vez, sobre todo porque ésta fue mi comida de ayer :)

¡Hasta pronto!

Crema de calabaza asada {Seasons, de Donna Hay}

¡Hola, chic@s! ¿Qué tal lleváis este comienzo de semana? Os deseo a todos un feliz lunes; espero tengáis una estupenda semana por delante :)

Este verano compré varios libros de cocina muy interesantes. Uno de los que más me ha gustado ha sido Seasons, de la conocida cocinera y autora australiana Donna Hay. Muchos ya la conocen y son grandes admiradores suyos, al igual que yo. Adoro su revista y no sabéis la ilusión que me hace recibirla cada dos meses directamente en  mi buzón. Hace casi un año mi marido me regaló una suscripción anual y hace unos días realicé yo misma la renovación, pues no quiero perderme ningún número de esta fabulosa revista. Sé que ahora está disponible en versión digital, pero gracias a la calidad de dicha publicación, éste es el tipo de revistas que sin lugar a dudas prefiero tener en papel, sobre todo cuando sabes que ha viajado a tu pequeño buzón de correo desde la remota Australia ;-)

En fin, que me gusta Donna Hay y su estilo ;-) Pues hace un par de meses compré su libro Seasons (algo así como “Estaciones del año”) , y os juro que me ha dejado enamorada, me muero por preparar cada una de sus recetas. Me encanta la idea de seguir las estaciones y cocinar en armonía con ellas, de conservar el ritmo natural de las cosas, aunque a veces tanta globalización nos vuelva un poco locos y nos desconcierte con una oferta tan variada. Últimamente intento bastante priorizar los productos de temporada, así que agradezco el concepto del libro, que recoge las mejores recetas publicadas por la revista en los últimos años y donde cada una de sus cuatro partes va dedicada a una estación concreta. Se ha convertido en uno de  mis libros favoritos y podéis estar seguros de que la receta de hoy es tan sólo la primera de todas las que pienso preparar :)

Recetas de crema de calabaza hay muchas, y muy ricas. Sin embargo, tengo que decir que ésta es la crema de calabaza más rica que he comido nunca. El hornear previamente la calabaza marca toda la diferencia y le da ese punto que la convierte en irresistible. Sólo tengo una pega a la receta: la crema resultó poco espesa para mi gusto. Así que la próxima vez (¡sí, habrá una próxima vez!), pienso aumentar la cantidad de calabaza (hasta llegar a 1kg) y añadir menos caldo de pollo. Ya sabéis, si os gustan las cremas de consistencia más espesa, podéis hacer este pequeño ajuste. Por otro lado, yo utilicé tomillo fresco en vez de estragón y también le va de maravilla.

Obviando este detalle, es una crema realmente deliciosa y espero que la probéis. Os encantará. 

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Y por último, volviendo al tema de la guardería de mis hijos, os puedo decir que los niños se han adaptado de maravilla :)))) Hoy ya hacen su jornada completa y esta mañana los dejé jugando en el patio (bajo la lluvia) contentos y felices. Para mí esos días de adaptación fueron intensos y agotadores, pero a la vez resultó ser una experiencia grata y enriquecedora. Pasar varios días en compañía de las “seños” que cuidan de los peques, viendo y admirando su trabajo, es algo que vale la pena. Además, si a eso añadimos los sonrisas de todos esos niños, las conversaciones que mantuve con muchos de ellos, los juegos espontáneos en los que me vi involucrada o las canciones aprendidas al compás de la guitarra, no puedo sentir más que alegría y hasta un poquito de nostalgia. Un día de estos, cuando el frío y la oscuridad de noviembre me quieran hundir en la miseria, recordaré estos momentos en la guardería, la ternura e inocencia de esos niños y no me quedará más remedio que sonreír por dentro y por fuera y sentirme profundamente agradecida. 

¡Feliz semana!

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