Bizcocho de peras y avellanas {Saltándome las tradiciones}

Es la primera vez en muchos años que no he celebrado el primer domingo de Adviento tal y como  manda la tradición. Todavía no hemos sacado los típicos candelabros ni las decoraciones navideñas, y la botella de glögg que compramos en IKEA hace un par de semanas, sigue todavía sin abrir en la mesa de la cocina, olvidada. La lata de pepparkakor que compramos ese mismo día para acompañar el glögg se acabó en un suspiro: H&M se encargaron de que no quedara ni una en pocos días.

Ha sido un comienzo un poco desastroso, lo reconozco, pero teniendo en cuenta la falta de tiempo de la que sufrimos últimamente, estos despistes son más que comprensibles. Es más, hasta eran de esperar y no me culpo por ello. Aún tenemos alguna que otra caja pululando por el estudio,  y mi armario pide a gritos una reorganización general, por lo que subir más cajas del trastero y engalanar la casa no ha estado en la lista de prioridades.

Sin embargo, la tradición y las buenas costumbres mandan, así que esta semana le iré dando la bienvenida a la temporada navideña, aunque sea poquito a poco y con unos días de retraso. Colgaremos estrellas en las ventanas y coronas navideñas en las puertas. Además, habrá que buscarle un hueco a las candelabros de Adviento que en Suecia colocábamos en los polletes de las ventanas y que aquí no sé bien dónde poner…..Y cómo no, intentaré cultivar el espíritu de la Navidad, de mucha paz y sosiego, que de eso se trata, aunque en la oficina diciembre sea el mes más estresante del año y con mayor carga de trabajo. (La vida está llena de contradicciones, ¿a que sí?)

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Y por las tardes de los tres domingos que quedan de aquí a Navidad pienso reunirme con gente querida y tomar glögg, una tacita o dos, y acompañarlo de pequeños bocados, tanto dulces  como salados. Es un buen plan para las tardes de domingo. De esta manera, podremos rememorar nuestros inviernos en Estocolmo, donde este mes se vive de forma muy intensa y siguiendo las tradiciones nórdicas.

Para una merienda cena de esta naturaleza, un bizcocho de peras y avellanas como el que os traigo hoy podría ser una excelente opción. O para los desayunos del domingo, para ir despertando los sentidos….

Afrutado y especiado a la vez, con una mezcla de texturas que enamora y un intenso aroma a avellana y canela este bizcocho es todo un homenaje al otoño, a su paleta de colores ocres y las bondades de un hogar cálido y acogedor. Si la idea de una fría tarde de otoño os incomoda, id al mercado a por unas peras y preparad este rico bizcocho. Puede que entonces el frío os parezca menos hostil y la realidad, bastante más amable…

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¿Qué os ha parecido la propuesta de hoy? Espero os animéis a preparar este rico bizcocho, ya me contaréis.

Por lo demás,  os deseo una estupenda semana, amigos. Abrigaos bien y salid a disfrutar de esta maravillosa estación, la más romántica y evocadora de todas. Sed muy felices.

Crema de chocolate y avellanas {¿Quién dijo frío?}

¡Buenos y nevados días!

Hoy hemos amanecido con -16 grados. Eso sí, con un sol impresionante y un cielo azul maravilloso…. Casi siempre suele ser así, cuando más frío hace, más bonitos y luminosos son los días. Parece que el tiempo nos quisiera jugar una mala pasada, te invita a salir y disfrutar de esa luz tan linda y del aire puro, pero una vez fuera te das cuenta de que tal vez hubiera sido mejor quedarte dentro y disfrutar de este día de invierno resguardada del frío y a través de la ventana….

Sin embargo, esos gélidos días también tienen su encanto. Bien abrigados, da gusto salir a la calle un rato y  gozar de todo aquello que el invierno escandinavo tiene para ofrecernos: la misteriosa belleza de los árboles escarchados, los tejados en blanco, la nieve que resplandece o la quietud de un bosque que parece dormido. También nos trae el olor a leña y a pueblo, ciudades envueltas en luces de colores y el sonido de las aves migratorias que huyen del frío a tierras más cálidas.

Hace frío, pero estoy dispuesta a disfrutarlo, venga lo que venga.

Hoy traigo un postre de lo más sencillo, pero pero no por eso menos rico: unas copitas con crema de chocolate y avellana.  Ya era hora de publicar una receta con chocolate, no recuerdo cuándo fue la última vez. Fácil y rápido de preparar. En diez minutos lo tenemos listo, algo que siempre se agradece, sobre todo durante este mes, que suele tener un ritmo a veces trepidante con tantas fiestas y celebraciones. Si os gustan el chocolate y las avellanas, os encantará. Tomad nota de la receta ;-)

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El sábado estrenamos nuestro calendario de Adviento. Los sobres no contienen nada del otro mundo, golosinas varias, pero ¡qué ilusión levantarse cada mañana y durante un mes entero con la certeza de descubrir una pequeña sorpresa en el interior de cada paquete! No sé, yo  nunca tuve esta experiencia, pero me pongo en el lugar de H&M y no puedo hacer otra cosa que imaginarme lo feliz que estaría cada primero de diciembre.

Os deseo a todos una estupenda semana. Y para mí deseo que el frío nos dé una tregua y suban un poco las temperaturas. Que todavía queda mucho invierno por delante.

Tarta cremosa de chocolate y avellanas


El chocolate es uno de esos alimentos que desata pasiones y vuelve loco a más de uno. La receta de hoy va dedicada sobre todo a los amantes del chocolate, pero también a todos aquellos capaces de apreciar los encantos de un buen postre.

Hay muchos tipos de tartas de chocolate, aunque a mí me pierden las que llevan poca harina y son de consistencia más ligera. La tarta de hoy es una de mis favoritas y os aseguro que a pesar de su sencillez, es el broche de oro perfecto para una cena o comida especial. La receta original, que encontré en la revista francesa Cuisine et Vins de France, no llevaba ningún tipo de frutos secos. Por lo tanto, es un ingrediente totalmente prescindible en caso de padecer alergia. Sin embargo, me gusta mucho la mezcla de avellanas y chocolate, pues creo que la tarta resulta más interesante. Aunque como todo en la vida y más aún en la cocina, es una cuestión de gustos. En lugar de avellanas, también se pueden añadir nueces. El efecto es similar, aunque con un ligero cambio en el sabor.

Es importante que la tarta se enfríe bien antes de servirla. Yo la suelo dejar en la nevera por lo menos dos o tres horas. También puede prepararse el día antes, muchos dicen que el día después, incluso sabe mejor. Es deliciosa tal cual, aunque servida con nata montada o helado de vainilla sabe a gloria bendita. Dicen que el chocolate nos hace sentir mejor y más felices. Después de saborear una tarta como ésta, soy capaz de entender un poco más el porqué…. Espero os guste.

 

Ingredientes:

  • 200gr de chocolate negro (al menos 50% de cacao)
  • 200 gr de mantequilla a temperatura ambiente+ un poco para engrasar el molde
  • 5 huevos
  • 150 gr de azúcar glacé
  • 30 gr de harina + un poco para el molde

Preparación:

  1. Precalentar el horno a 180 grados. Engrasar el molde y espolvorear con harina.
  2. Cortar la mantequilla en trozos. Fundir el chocolate y la mantequilla  en el microondas o a baño de María. Una vez fundidos, añadimos los huevos uno a uno, mientras batimos todos los ingredientes con una batidora de mano eléctrica.
  3. A continuación, añadimos la harina y el azúcar. Removemos bien y vertimos la mezcla en el molde.
  4. Hornear unos 20-25 minutos. Esperar 10-15 minutos antes de sacar la tarta del molde.
  5. Enfriar en la nevera al menos una hora antes de servirla, con nata montada o helado de vainilla.

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