Tarta rústica de manzanas y almendra {Bondades de la vida}

Hoy os ofrezco un trocito de tarta. No sé cuántos pasteles de manzana habré hecho y probado en mi vida, pero son más las recetas con manzana que aún me quedan por probar. De eso estoy segura. Y es que no lo puedo evitar, tengo una cierta debilidad por esta fruta y las maravillas que con ella se pueden hacer.

Ésta es una tarta sencilla, que no guarda misterios pero sí una mezcla de sabores exquisita y casi que adictiva: manzanas, canela, cardamomo y almendra. Es maravillosa, la tenéis que preparar sin falta…. y si puede ser, este mismo fin de semana ;-)

Adoro este tipo de tartas por lo ricas que resultan y las posibilidades que encierran a la hora de modificar ingredientes. Y por ese aspecto rústico e imperfecto que irremediablemente me hace pensar en una casita en el campo un día de primavera, un patio, una mesa a la sombra de un árbol puesta para recibir y flores, muchas flores silvestres….Una casita que por cierto, no tengo, pero  que no me importa imaginar una y otra vez. Soñar no cuesta nada y nos ayuda a ver nuestra vida desde otra perspectiva. También a ponernos metas y a poder entender el por qué de las cosas y buscar nuevos caminos. Caminos que podrían conducir a sitios sorprendentes e inesperados, quién sabe…

Pase lo que pase, renuncio a dejar de soñar.  Y a dejar de preparar tartas de este tipo. Un trocito de esta maravilla te alegra el día y te obliga a pensar en las bondades de la vida. No podría ser de otra manera. 

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Os aconsejo que preparéis la masa con cardamomo, tal y como viene en la receta. Le da un sabor increíble que sería un pena perderse. La pasta de almendras se vende ya lista en muchos países. De lo contrario, es sencilla de preparar en casa, lo explico en la receta. Le aporta a la tarta una textura suave y jugosa, además del inconfundible sabor a almendra.

Tras varios días grises y lluviosos, hoy ha salido el sol en Estocolmo. Todo un regalo, sobre todo después de haber sido testigo de un bello amanecer color rosa, despejado y luminoso. Es lo que tiene levantarse antes del alba, aunque sea para escribir esta entrada cuando aún todos duermen y la casa descansa tranquila.

¡Feliz fin de semana! Una vez, gracias por estar ahí y mostrarme vuestro cariño y aprecio. Significa un mundo para mí.

Bizcochitos de manzana, canela y sirope de arce {No te dejes guiar por las apariencias}

 “Tenían una pinta un poco “repipi” y pensé que no me iban a gustar demasiado”, me confesó David, mi marido, después de haber probado uno de estos bizcochitos de manzana y darse cuenta de que estaba equivocado. No sé por qué a él le vino a la cabeza el calificativo de “repipi”, a mí me parecen muy monos, y punto. Ah, y también muy ricos, además de suaves y esponjosos. 

Sólo hice seis bizcochitos, así que en unas horas volaron, como era de esperar. Como yo estoy en casa más tiempo que él, me tocó a mí comerme el último trozo, teniendo en cuenta que ese mismo día mi media naranja había tomado uno entero para desayunar. Por la noche, después de cenar, buscó esperanzado la fuente con los dulces y al no encontrar nada, me miró con cara de pena y me preguntó se mi había comido lo que quedaba. No pude hacer otra cosa que asentir y recordarle que sólo había hecho unos pocos. Y como soy un poco mala y hasta medio rencorosa, no pude evitar soltar una tímida pero triunfal sonrisa. Lo sé, pobre chico, pero mira que decir que estos mini bizcochos tienen pinta de repipi….no sé si lo podré olvidar algún día ;-)

Bueno, para resumir os cuento que ésta es una receta más del libro Seasons de Donna Hay, del que ya he hablado en varias ocasiones. La sección de postres otoñales no tiene desperdicio, es una maravilla de principio a fin. Cuando compré este molde sabía que estos bizcochitos serían los indicados para estrenarlo. Están riquísimos y serán todo un éxito si os gusta la mezcla de manzana y canela (¿a quién no?). Me ha encantado el sabor que aporta el sirope de arce. Hasta hace poco, apenas lo utilizaba, pero últimamente se ha convertido en un ingrediente importante en mi cocina :)

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Hoy, como ayer, hace un día horrible: frío, oscuro e inhóspito a más no poder. Ahora está cayendo una especie de aguanieve, que al llegar la noche con toda seguridad se convertirá  en nieve. Mañana tendremos un despertar blanco impoluto (en ese momento no sabré si reír o llorar).

El invierno ya está aquí y es hora de ir despidiéndonos del otoño. Todo se acaba y ahora tocan tiempos algo más gélidos, pero puede que también más divertidos por eso de la nieve, los paseos por el lago congelado, las pequeñas locuras con en trineo y la ilusión de las fiestas navideñas. Como dicen los suecos, no existe el mal tiempo, sino el mal abrigo. Estoy casi-casi de acuerdo. Además, siempre nos queda la opción del bizcocho y el chocolate caliente para mimar cuerpo y alma en tardes tan tristes como ésta. Feliz semana a todos :)

Strudel de manzana

Holaaaa!

Hoy os traigo una receta muy rica. Porque sí, porque ya era hora, después de tanta verdura y ensalada (que por cierto, no me malinterpretéis, me encantan). Pero un poco de dulce nunca viene mal, sobre todo cuando no es un postre muy calórico, como es el caso de este strudel de manzana, o Apfelstrudel ;-)

El Apfelstrudel es un plato típico de Austria, Alemania y Hungría. Fue desarrollado por la cocina vienesa, aunque gracias a su popularidad se extendió con rapidez a todos los países del Imperio Astrohúngaro. Sin embargo, sus orígenes se remontan a las cocinas turcas, bizantina y armenias ya que una buena parte del centro y sur de Europa (desde Austria a los Balcanes, pasando por el sur de Rusia y Ucrania) formaron parte del Imprerio Otomano hasta principios del siglo XX.

El strudel no sólo se elabora con manzana. También se hace con requesón, una receta que también me gusta mucho, y con frutos secos variados, versión que no he tenido el gusto de probar todavía. Por lo demás, nuestra imaginación será la que ponga límites a la hora de preparar un strudel con sello propio y del relleno que más nos plazca, sea éste dulce o salado.

La masa strudel es muy parecida a la pasta filo y a  la yufka, ambas de uso muy extendido en Oriente Medio, el Magreb, Turquía y los Balcanes. Con la yufka se elaboran platos tan deliciosos como la baklava (qué pena que sean unas bombas calóricas en miniatura) y el burek, el gözleme, empanadas típicas de la cocina turca. Con esta masa también se preparan las empanadas griegas, que pueden venir con una gran variedad de rellenos: la sapanakópita, la kreatópita, la tirópita, la milópita, entre otras. Todas igual de deliciosas :)

Y bueno, para rematar ya esta mini clase de historia, quería añadir que el strudel es también un plato típico de la cocina judía del centro de Europa. Según he podido leer, el strudel, por su forma, simboliza el rollo de la Toráh, el libro sagrado del judaísmo. Interesante, ¿verdad?

Es posible preparar la masa strudel en casa, aunque yo opté por la variante más fácil, la de utilizar pasta filo ya comprada. También he visto recetas en las que se utiliza masa de hojladre, la cual hay que estirar bien hasta que quede bien fina. A los que le interese hacer la masa strudel en casa, les dejo este enlace. Ya me contaréis si os vas a animar a prepararla ;-)

Ésta no es la receta más típica de strudel de manzana. De hecho, por eso me llamó la atención y por eso decidí probarla, ya que nunca lo había comido de esta manera. Normalmente, la manzana va troceada en daditos, mientras que en esta receta, incorporamos la manzana rallada y además, un poco de mermelada de frambuesa. Me encantó este detalle, le da más color al relleno, algo de dulzor y un toque ácido muy sugerente.

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Si usamos la masa ya comprada, es un postre rápido y fácil de hacer. Pero además, según la receta, se puede congelar perfectamente una vez listo. Es un detalle que siempre viene bien, ¿no os parece?

Os aseguro que hemos disfrutado muchísimo con este strudel de manzana. Fue un exitazo tremendo! Además, es un postre ideal ya que es dulce, aunque no lleva nada de azúcar en el relleno. Como veréis en la receta, sólo tiene manzanas, un poco de mermelada, frutos secos y canela. Con toda seguridad lo haré muchas más veces pues es de los más ricos que he comido nunca. Espero lo preparéis en casa y lo disfrutéis tanto como nosotros.

Feliz semana a todos! Hasta pronto o auf Wiedersehen!!

Ensalada Waldorf {Madrid de mis amores}

Muy buenas a todos :) A los que no me habéis hecho la visita desde el año pasado, os deseo un muy feliz 2012. Mis mejores deseos para cada uno de vosotros.

Bueno, ya está, se acabó la fiesta y los tan esperados (o no) días feriados. Tengamos o no ganas, hemos de volver a la rutina diaria y a nuestras obligaciones. Es una pena, pero para que la fiesta sepa a fiesta, tiene que estar precedida de trabajo y quehaceres varios, ¿verdad? Tal vez para muchos signifique también volver a una vida un poco más austera y comedida en cuanto a actividades culinarias y de ocio se refiere ;-)

Mi vuelta a la rutina será bien corta, pues esta semana nos iremos a pasar unos días a Madrid, mi querido Madrid …. A pesar de que no nací ni crecí en esta ciudad, la siento casi-casi mía. Viví momentos muy lindos en mis ocho años como madrileña: allí conocí a mi marido, allí me casé y allí nacieron mis hijos, quienes sí son madrileños. No sé si ahora mis peques se sienten así, sobre todo cuando hablan en sueco el uno con el otro, pero yo sé que lo son y tal vez ellos así lo sientan algún día.

No es que viva llorado de pena por Madrid, su sol, su cielo azul y sus inviernos perfectos para mi gusto (con algo de frío y poca nieve)… No es que me muera de tristeza aquí por estas tierras, pero de vez en cuando no puedo dejar de acordarme de sus calles, del gentío y el tráfico a todas horas, de esa falta de tranquilidad y sosiego que en pequeñas dosis puede resultar bastante saludable, de sus bares y tascas, de los fabulosos pinchos del Mercado de San Miguel y de ese ritual, que me encanta y que sí echo de menos que es el APERITIVO. ¡Cuánto añoro salir por el barrio, tal vez dar una vuelta y terminar tomando el aperitivo!

Madrid es una ciudad estresante y por momentos áspera, pero a la vez cálida y hospitalaria. Fue una ciudad que me acogió de la mejor manera posible hace años, cuando cansada de mi experiencia sueca, quise probar suerte en la península y empezar desde cero una nueva vida… 

Dentro de unos días podré pasearme nuevamente por sus calles y sentir la vida que hierve en cada rincón, seré capaz de sumergirme en el bullicio y el caos urbano madrileño sin sentirme una “guiri”  (o extranjera). Podré reencontrarme con edificios, plazas y callejones queridos que estoy segura me llenarán de entrañables recuerdos. Entonces tendré la sensación de que nunca me fui, de que aún sigo allá y de que esa ciudad que tanto quiero aún me pertenece…. y yo a ella.

Y después de este introducción dedicada al Madrid de mis amores y sus encantos (para qué hablar de los desencantos, que sin dudas también he tenido), es hora de pasar a la receta de hoy, la ensalada Waldorf. Esta ensalada es todo un clásico de la cocina estadounidense y estoy segura de que es una vieja conocida de muchos. A mí es una de las ensaladas que más me gusta, por lo sencilla que es de preparar, por su sabor tan fresco y por su estupenda mezcla de texturas. Creo que es una ensalada sencilla pero muy sabrosa.

Existen varias versiones, pero la más cercana a la original, que se preparó por vez primera en en Nueva York en 1893, lleva tan sólo apio, manzana, uvas rojas (o pasas) y nueces. Todo esto aderezado con una sencilla salsa de mayonesa y limón. Hay quien le echa también pollo, pero la receta original no lo lleva. En mi opinión, lo más destacable es el fabuloso contraste de texturas: el toque crujiente del apio y la manzana, la suavidad de la uva y la textura un tanto más “elástica” que le aportan las nueces… En cinco minutos tenemos una ensalada clásica y sugerente.

Pues es todo por hoy…. Debido al viaje, estaré un poco “ausente” unos días. Intentaré concentrarme en Madrid y en los familiares y amigos que nos están esperando. A ver si mis peques se sienten un poquito madrileños, aunque sólo sea durante unos días ;-)

Desde este rinconcito de mi cocina quería desearles una buena semana y un mejor comienzo de año. Espero que el 2012 sea como esta flor: intenso, elegante y lleno de gracia.

Nos vemos a la vuelta en unos días. Sed felices :)

Bizcocho de manzana con arándanos rojos {Un rayo de sol, la la la…..}

La entrada de hoy trata sobre cómo idear un post en tan sólo unos minutos o en cómo unos rayos de sol matutino pueden llegar a ser toda una fuente de inspiración ;-)

Estaba yo ayer por la mañana sentada en la cocina, terminando de desayunar, disfrutando del momento y planeando el día, mientras contemplaba un asombroso cielo azul (no nos olvidemos que escribo desde Estocolmo, en pleno invierno y durante la época más oscura del año) y pensaba en que por ahora aún no había caído una buena nevada por aquí…. De repente, unos tímidos rayos de sol empezaron a entrar por la ventana, llenando la estancia de gran calidez y de una preciosa luz matutina… Cuando vi las flores encima de la mesa, bendecidas por esos rayos de sol que no hacían sino resaltar su belleza, entendí que tenía que terminar cuanto antes con esa taza de té y ponerme a hacer fotos como una loca antes de que el resplandor se volviese demasiado fuerte. Sentí ganas de capturar esa maravillosa luz invernal y saborear lentamente aquella mañana, ese momento mágico del día, cuando todo vuelve a la vida tras el letargo nocturno y damos la bienvenida a un día en ciernes. Gracias a esos rayitos de sol, el verde de las hojas se veía más reluciente que nunca y el púrpura de los tulipanes tan luminoso e intenso que parecían irreales y me hacían pensar en pétalos de papel…

La tarde anterior había preparado un sencillo bizcocho de manzana para recibir a unos buenos amigos en casa. No tenía planes de publicar su receta pues estos días ando un poco liada y perezosa, pero ya que mi entusiasmo me había hecho sacar cámara y trípode en cuestión de minutos, pensé en aprovechar la oportunidad  e incorporar el medio bizcocho que quedaba para amenizar así este bodegón improvisado…y de paso compartir con vosotros la receta  ;-)

Así las cosas, con un mantelito por aquí, una tablita por allá y un poquito de azúcar glas por encima de todo aquello, os puedo presentar el bodegón final y algunas de sus versiones.

Se supone que por estas fechas vienen más a cuento ver imágenes blancas e invernales, pero como yo aún estoy esperando esa gran nevada, quería compartir una estampa más bien primaveral. Que esos rayitos de sol os alegren el día o la tarde, sobre todo si no os gusta el frío ni la oscuridad. Como estamos en Suecia, el invierno no perdona. Puede ser más o menos cálido, pero nunca deja de hacerte la visita. Este año está tardando un poco en presentarse tal y como es, crudo y sin miramientos, pero ya vendrá, acompañado de temperaturas bajo cero, de ventiscas y abundante nieve y por consiguiente,  un gran caos en el sistema de transporte público (no piensen que la nieve crea confusión sólo en países cálidos)… Entonces yo me pondré a maldecir tanta nieve cuando tenga que salir con mi coche (carro) gemelar, con dos niños de … ¿16-17 kilos? cada uno a cuestas (hace tiempo que no los peso), andando con cuidado para no resbalar y caerme camino de la guardería, cuando ya es noche cerrada…. Así que no me importa demasiado que aún no haya nevado. En ese sentido soy más práctica que romántica, pues la nieve es bonita, sí que lo es, pero cuando pienso en todas estas cosas, me parece más estupenda en las postales, ja ja… Y eso que jugar en la nieve con la peques tiene también su encanto, ¡cómo no!

Ya que este año no he tenido una Navidad blanca, con estas fotos os regalo un poquito de sol y calor primaveral “de mentirita”, y cómo no, mucho calor humano. Estamos a punto de estrenar año y es época de hacer promesas y de pedir deseos… Yo os deseo lo mejor y que el año que viene venga cargado de trabajo para todos, ilusiones y sueños cumplidos.

¡Feliz 2012!

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