Bizcochitos de manzana, canela y sirope de arce {No te dejes guiar por las apariencias}

 “Tenían una pinta un poco “repipi” y pensé que no me iban a gustar demasiado”, me confesó David, mi marido, después de haber probado uno de estos bizcochitos de manzana y darse cuenta de que estaba equivocado. No sé por qué a él le vino a la cabeza el calificativo de “repipi”, a mí me parecen muy monos, y punto. Ah, y también muy ricos, además de suaves y esponjosos. 

Sólo hice seis bizcochitos, así que en unas horas volaron, como era de esperar. Como yo estoy en casa más tiempo que él, me tocó a mí comerme el último trozo, teniendo en cuenta que ese mismo día mi media naranja había tomado uno entero para desayunar. Por la noche, después de cenar, buscó esperanzado la fuente con los dulces y al no encontrar nada, me miró con cara de pena y me preguntó se mi había comido lo que quedaba. No pude hacer otra cosa que asentir y recordarle que sólo había hecho unos pocos. Y como soy un poco mala y hasta medio rencorosa, no pude evitar soltar una tímida pero triunfal sonrisa. Lo sé, pobre chico, pero mira que decir que estos mini bizcochos tienen pinta de repipi….no sé si lo podré olvidar algún día ;-)

Bueno, para resumir os cuento que ésta es una receta más del libro Seasons de Donna Hay, del que ya he hablado en varias ocasiones. La sección de postres otoñales no tiene desperdicio, es una maravilla de principio a fin. Cuando compré este molde sabía que estos bizcochitos serían los indicados para estrenarlo. Están riquísimos y serán todo un éxito si os gusta la mezcla de manzana y canela (¿a quién no?). Me ha encantado el sabor que aporta el sirope de arce. Hasta hace poco, apenas lo utilizaba, pero últimamente se ha convertido en un ingrediente importante en mi cocina :)

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Hoy, como ayer, hace un día horrible: frío, oscuro e inhóspito a más no poder. Ahora está cayendo una especie de aguanieve, que al llegar la noche con toda seguridad se convertirá  en nieve. Mañana tendremos un despertar blanco impoluto (en ese momento no sabré si reír o llorar).

El invierno ya está aquí y es hora de ir despidiéndonos del otoño. Todo se acaba y ahora tocan tiempos algo más gélidos, pero puede que también más divertidos por eso de la nieve, los paseos por el lago congelado, las pequeñas locuras con en trineo y la ilusión de las fiestas navideñas. Como dicen los suecos, no existe el mal tiempo, sino el mal abrigo. Estoy casi-casi de acuerdo. Además, siempre nos queda la opción del bizcocho y el chocolate caliente para mimar cuerpo y alma en tardes tan tristes como ésta. Feliz semana a todos :)

Bizcocho relleno de pecanas y sirope de arce {Volver, veinticinco años después}

Este fin de semana estuvimos en Praga. Mi marido y yo, solos los dos y sumamente ilusionados, como si esta escapada fuese nuestra primera excursión juntos. A pesar del frío que hizo y de la nieve que no paró de caer durante casi todo el sábado… a pesar de estos pequeños contratiempos, nada pudo evitar que disfrutáramos como niños pequeños de estos dos días de “libertad”, y más en una capital como Praga. El motivo, unas cuantas fechas importantes que celebrar: un aniversario de boda, el cuarenta cumpleaños de los dos durante este otoño y nuestra primera década juntos. No se nos ocurrió mejor manera para celebrar que escaparnos a esta ciudad tan romántica. (De más está decir que sin la ayuda de mis padres, que tan gustosamente se prestaron a cuidar de los pequeños durante nuestra ausencia, este auto regalo no hubiera sido posible. Un millón de gracias!!!)

Estuve en Praga por primera vez cuando era una chiquilla, hace la friolera de veinticinco años. Corría el año 87 y sin lugar a dudas, eran otros tiempos, la de ese país que ya no existe, Checoslovaquia, la del bloque socialista, la perestroika y el Pacto de Varsovia. Cuando aquello, Praga aún era una desconocida para el mundo occidental y sus calles respiraban a otro ritmo, libres de la invasión masiva de turistas que por el contrario sufren  hoy en día. 

Sinceramente, han pasado muchos años y no me acuerdo demasiado de aquel viaje. Ahora, tantos años después, he tenido la oportunidad de redescubrir Praga y de rendirme una vez más ante sus encantos, que no son pocos, creedme. Los que conocéis esta maravillosa ciudad sabéis de lo que hablo. Visitar Praga es viajar en el tiempo y zambullirse en un mundo de cuentos infantiles, de teatro negro, de magia y  de marionetas. Un lugar donde los edificios han desafiado con éxito el paso de los años y turbulencias de todo tipo, un lugar al que volver una y otra vez.

En cuanto a la receta de  hoy, os traigo un delicioso bizcocho relleno de una pasta de nueces pecanas y sirope de arce. ¡Sencillamente espectacular!  En casa fue todo un éxito. Si no tenéis pecanas, éstas pueden sustituirse por nueces normales, seguro que queda también muy rico. 

Encontré esta receta hace tiempo en el libro Kitchen de Nigella Lawson  y desde el primer momento sentí ganas de prepararlo. Por una cosa o por otra, ha tenido que pasar más de un año, algo que no me perdono viendo lo bueno que está ;-) No creo que tarde tanto tiempo en volver a repetirlo. Si os gustan los frutos secos, os lo recomiendo de todo corazón.

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Es todo por hoy. Vuelvo en unos días con la receta de un clásico renovado que espero os guste tanto como a mí. Sed felices :)))

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