Estampas del archipiélago y una ensalada para despedir el verano (ese verano que ya se fue)

Este fin de semana pasado David y yo nos escapamos a Sandhamn, en el archipiélago de Estocolmo, para celebrar nuestro sexto aniversario de casados. Era nuestra primera escapada a solas desde el nacimiento de mis babies, así que estábamos muy entusiasmados, la verdad sea dicha :) Esta isla es una de las más bonitas y acogedoras del archipiélago, el cual por cierto, consta de miles de islas (se dice que entre 30000 y 35000), por lo que se considera el mayor archipiélago de Suecia. Quería compartir algunas imágenes de este entorno, pues es difícil quedarse indiferente ante su singular belleza. Para los que venimos de entornos más cálidos (léase el Caribe) y los que amamos profundamente el Mediterráneo, como es mi caso, a primera vista un mar como el Báltico puede resultar un poco “soso” y bien distinto. Además, poco tiene que ver con las estampas playeras a las que está acostumbrada la gente del sur. Por ejemplo, el agua de estas latitudes apenas huele a mar, algo que me llamó la atención desde el principio. Es que cuando pienso en mi patria, Cuba, es imposible recordarla sin que me venga a la mente el intenso olor a salitre que se respira cerca de la costa…  Así las cosas, cometí el pecado de menospreciar el archipiélago de Estocolmo durante mucho tiempo, algo de lo que me arrepiento profundamente. Con el tiempo, tuve la dicha de descubrir alguna de las islas más importantes y desde luego, son más que dignas de visitar, a pesar de que no huelan demasiado a mar ;-) Todavía me quedan islas por descubrir, pero ya me encargaré yo de enmendar este error.

Lo mejor de este archipiélago es su naturaleza singular, con esa mezcla curiosa de bosque y mar, sus encantadoras casitas de madera de diversos colores que aparecen por doquier, a veces incluso donde menos te lo esperas, la estética náutica y el gusto por lo sencillo, los incontables barcos y veleros surcando sus mares, el agua fría (muy fría), pero cristalina y sus playas un tanto salvajes. En verano, la actividad preferida de todos es conocer el archipiélago y navegar de una isla a otra, algo que me gustaría hacer algún día. Aquí se ama el mar profundamente y la gente disfruta mucho navegando. No por gusto estamos en tierras vikingas.

En fin, mi consejo para tod@s:  si algún día visitáis Estocolmo y tenéis la oportunidad de visitar su archipiélago, no dudéis ni un segundo en conocer alguna de sus islas. Sobre todo si es verano. Creo que sería una estampa para recordar.

Pudimos dar agradables paseos por el bosque para constatar una vez más que el otoño ya está aquí: las primeras hojas secas y multicolores, las primeras setas, los manzanos rebosantes de frutas ya maduras, listas para recoger y comer… Y en el pueblo, el olor a leña a media tarde….

Bueno, y para despedir el verano os traigo una de mis ensaladas preferidas, la italiana panzanella. Una sencilla ensalada campestre que seguramente muchos conocen. He visto diferentes recetas, unas con más ingredientes que otras, pero ésta es una propuesta bien sencilla y realmente DELICIOSA. Comida rústica, simple, sin grandes pretensiones y muy acorde con el espíritu del archipiélago. Creo que la clave de esta receta está en los tomates asados, que le dan un sabor algo más intenso y a la vez delicado. Si queremos darle algo más de “vidilla”, podemos añadirle unas anchoas. El resultado es fabuloso.

Espero os guste y os deseo a tod@s una feliz semana :)

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