Tarta de cebolla caramelizada y queso de cabra {Octubre me sienta bien}

                                                                                              {Scroll down for recipe in English}

Octubre me gusta y me sienta bien. Es un mes de equilibrio, que me inspira tranquilidad y sosiego,  y si no fuera porque en las tiendas ya han empezado a sacar los adornos navideños, estaría disfrutando un poco más del ambiente otoñal. Me molesta mucho esta obsesión de empezar la Navidad cada vez más temprano. La semana pasada ya vi los primeros artículos navideños y me entraron ganas de salir corriendo del local (¡estábamos a principios de octubre!) Me encanta la Navidad y toda la parafernalia que la acompaña, pero me molesta mucho que no me dejen disfrutar de estos meses tal y como se merecen. A ver si un día termino rebelándome contra todo y me quedo sin poner el árbol en casa (no sé si seré capaz). Pero bueno, a lo que iba, me encanta este mes y a pesar de que por aquí hace bastante fresquito ya (unos 10 grados durante el día), el tiempo nos está malcriando con unos días bellísimos, soleados y hechos para salir de excursión. Ayer estuvimos paseando en compañía de unos amigos por Sigtuna, un pueblo medieval pequeñito-pequeñito, pero mono-mono, donde pasamos una jornada muy agradable. Prometo publicar algunas fotos de este pueblín para que podáis conocerlo un poquito también, aunque sea desde la distancia.

La semana pasada salí una mañana a caminar por Estocolmo, pues desde que estoy de vuelta por estos lares (hace un año ya) apenas le había hecho fotos. Esta es una ciudad maravillosa, que me enamoró desde la primera vez que la vi,  hace ahora ya más de 17 años.  ¡Era tan distinta a todo lo que había visto antes! Cuando vivía en Cuba allá por los 90, Escandinavia era para mí un sitio bastante lejano, pero a la vez mágico y acogedor, tal vez porque la asociaba al universo descrito por Astrid Lindgren y Carl Christian Andersen, dos de mis escritores infantiles preferidos.  Adoraba sus libros y dibujos animados y cuando pensaba en Estocolmo o Copenhague, me imaginaba ciudades exóticas, frías y con mucha nieve, aunque muy parecidas a las representadas en todos esos libros que había leído desde niña: ciudades repletas de edificios antiguos, callejones adoquinados y tejados abuhardillados,  y en cuyas calles podrías toparte con Karlsson en el tejado o la Reina de las Nieves.… Al mudarme aquí, pude constatar que la ficción no se alejaba demasiado de la verdad, aunque nunca he tenido la suerte de encontrarme con Karlsson  ¡y mira que me hubiese gustado!

Vivir aquí no es un cuento de hadas, claro está, y durante los ocho años que duró la primera parte de mi odisea sueca tuve temporadas muy duras (sobre todo al principio) y otras mucho mejores. La vida real es bastante más complicada que las historias que cuentan los libros infantiles, pero lo que sí es innegable es que Estocolmo tiene mucho encanto y cada vez que me pierdo por su casco antiguo, me enamoro un poco más de esta ciudad y su atmósfera. Los que no la conozcan, espero os animéis a visitarla algún día.

En otro momento hablaré sin falta de Copenhague, una de mis ciudades preferidas. Es una verdadera joyita, totalmente irresistible. Me gusta incluso más que Estocolmo. Pero esto será otro día. Hoy quería compartir con vosotros algunos rincones de la capital sueca. Espero os gusten :)

En cuanto a la receta de hoy, os dejo con una tarta salada muy rica. Es una receta que encontré recientemente en una revista inglesa y que ya he preparado varias veces. Es deliciosa, de sabor muy delicado y muy sencilla de hacer. La mezcla de cebolla caramelizada y queso de cabra es todo un acierto. Además, si preparamos la cebolla con antelación, podemos hacer esta tarta en muy poco tiempo y con un resultado extraordinario. Ya me diréis qué os parece.

 

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Tarta de cebolla caramelizada

Caminando por Estocolmo, no os garantizo que os encontréis con los personajes de cuentos infantiles o de la saga Millenium, pero es más que probable que os topéis con algún duendecillo a la puerta de un comercio. ¿A que dan ganas de sentarse a su lado en el banquito y darle un achuchón? Más vale ser cordial, pues en este país son estos duendecillos los encargados de repartir los regalos de Navidad. A ver si la próxima vez que me encuentre con uno lo invito a un café ;-)