Pudines individuales de brioche, pera y chocolate {hacer o no hacer planes, ésa es la cuestión}

¡Buenos días, gente! ¿Que tal? Espero que bien y que el día de hoy, viernes, el preferido de muchos por ser la antesala del fin de semana, sea una jornada estupenda para todos. Me gustan los viernes, es un día lleno de ilusión, de buenos presagios, de preparativos y planes para el fin de semana. Un viernes (a veces, lo reconozco, sucede incluso antes) no puede faltar la clásica pregunta de David,  mi marido “¿y qué quieres hacer este finde?” Él tiene la necesidad de hacer planes para el fin de semana, de  estructurarlo y darle forma. David y su plan…. No sabéis qué gracia me hace y lo mucho que nos reímos juntos cada vez que me hace la misma pregunta. Para él es importante tener un plan de fin de semana. Para mí lo es menos…. me gusta más dejarme llevar por el momento, la espontaneidad, el tiempo que hace fuera y el cómo de revueltos andan mis hijos ese día…. aunque es evidente que a menudo hay que planear, y planear bien, porque de lo contrario, corres el riesgo de quedarte sin plan, sobre todo si vives en un lugar llamado Suecia. 

Aquí la gente planea sus actividades semanas y meses antes, es increible. Andan con sus agenditas a todas partes y en cuanto quieres quedar con alquien, lo primero que hacen es abrir su agenda para ver cómo de complicada está la situación….

Yo también tengo una agenda en el bolso, aunque a mí no me tiene muy esclavizada, la tengo llenita lo justo. Será porque no lo apunto todo y porque también tengo otro ritmo, bastante más pausado.  A pesar de tener dos hijos pequeños, quedar conmigo o con mi familia no es tan complicado. Antes, cuando éramos “libres” (léase sin hijos, je je) teníamos una vida social más activa. Ahora la vida está llena de rutinas y más rutinas,  que aunque un poco aburridas, son indispensables para los peques y también para nosotros. ¡Bendita rutina!

Y cambiando de tema, he aquí un postre calentito, cremoso y absolutamente delicioso, que podemos preparar con esos brioches que publiqué hace unos días, en caso de que os sobren unos cuantos. En casa no sobró ninguno: escondí en la nevera los últimos que quedaban y cada vez que mi pobre marido agarraba el paquete para sacar uno a la hora de desayunar, se lo quitaba corriendo de las manos, consolándolo con la idea de tener en mente un plan aun mejor para esos brioches. Si no tenéis brioches en casa, estoy segura de que se podrían sustituir con un buen pan de leche. 

El día que vi esta receta, supe que no tardaría mucho en prepararla. Esas tacitas rellenas de brioche crujiente, trocitos de pera y chocolate  me robaron el corazón nada más verlas en las páginas de la revista…..Son ideales para esta época del año, como postre o para un desayuno diferente, de esos que se sólo se pueden hacer el  fin de semana, cuando no hay prisas ni horarios que cumplir.

Esta semana el frío se ha hecho notar de forma más seria ya por aquí…. mis hijos han estrenado su overol y  sus gorros de invierno…la cosa va en serio y en cualquier momento nos cae la primera nevada. Va siendo hora de comprar el trineo, que este año será uno doble, no vaya a ser que se acaben, como nos pasó el año pasado. Nos tuvimos que conformar con un trineo individual, lo cual implicaba que los chicos se tenían que turnar para tirarse cuesta abajo con su papi, algo que no siempre era del agrado de los pequeños. A ver si este año me animo a tirarme loma abajo (con ellos o sola, como en mi infancia), aunque con mis dos protrusiones en la zona lumbar no sé si es buena idea, la verdad  sea dicha ;-)

Os deseo a todos un fin de semana bonito y lleno de armonía, sean cuales sean vuestros planes. No siempre es necesario tener un plan y dirigirse a un sitio determinado. Muchas veces basta y sobra con estar y disfrutar de toda la belleza que nos rodea, de vivir el momento sin pensar en lo que será (que  ya vendrá). Yo por mi parte tengo dos cuenquitos de estos guardados en la nevera para mañana por la mañana.  Si mis hijos se portan bien, podré disfrutar de un buen desayuno en familia, en el transcurso del cual mi marido, cómo no, me volverá a preguntar “¿ y qué quieres hacer hoy?” y  yo, cómo no, le diré, como casi siempre, “cualquier cosa, ¿y a ti qué te apetece?”

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