Pilaf de cordero al estilo persa {con el abeto a cuestas}

El domingo pasado pusimos  en casa el árbol de Navidad. Llevaba años sin poder tener un abeto natural para la ocasión, así que desde que empezó el otoño tenía clarísimo que este año iba a tener un árbol como Dios manda: natural, alto y frondoso. El destino se puso de mi lado y justo en la esquina de mi casa, en la plaza del barrio donde vivo, hace un par de semanas se instaló un puesto de flores en el que también se pueden comprar abetos naturales. Así que el sábado por la tarde, cuando volvíamos de nuestro paseo, fuimos a por el árbol. Nos encontramos con un dilema de no tan fácil solución. Había varios tipos de árboles para escoger y hasta un precio que regatear (con lo poco que me gusta regatear)…. Por un momento pensé que me había equivocado de país, pues discutir  precios no es una costumbre muy común por aquí. Aunque viéndolo desde otro ángulo, que una discusión de esta naturaleza se estableciera entre mi marido, cien por cien castellano, y el vendedor, cien por cien extranjero, puede que tampoco resultara demasiado disparatado…. Después de ver varios ejemplares, llegamos a un acuerdo, por lo que nos dirigimos a casa con un inmenso abeto a cuestas (un abeto del tipo “real”, el mejor abeto que existe, según el vendedor) y  la ilusión de verlo instalado ya pronto en el salón de nuestra casa.

Adoro los árboles de Navidad. Me cuesta imaginarme una Navidad sin árbol, aunque en otros tiempos no siempre pudimos ponerlo en casa. Durante los años que vivimos en Cuba y en la medida de lo posible, mi madre intentó preservar esta costumbre, también muy arraigada en Rusia, su patria. Recuerdo mi primer árbol navideño: era un ejemplar de plástico de los años 50, hecho en los Estados Unidos y que mi madre le había comprado a una señora mayor nada más aterrizar en la isla caribeña allá por el año 72. Con el árbol venían también varias cajas de unos increíbles adornos navideños de la misma época, hechos de cristal, y de una tremenda belleza. Poner el árbol era una verdadera fiesta y aquellos son unos de los recuerdos más bonitos que guardo de mi infancia. 

Aunque no sepa de dónde era el vendedor del puesto de árboles – por su físico y acento estoy prácticamente segura de que era del Medio Oriente – a él va dedicado con cariño y agradecimiento este delicioso pilaf de cordero al estilo persa que os presento hoy. El árbol que nos vendió ilumina nuestro salón y yo me siento como una niña con zapatos nuevos cada vez que lo veo. Además, estoy segura de que este arroz le gustaría mucho ;-)

Esta receta es una manera un tanto diferente, pero muy sabrosa de preparar arroz. Con lo mucho que me gusta el arroz, hasta ahora sólo tenía publicada una receta con este ingrediente…. no lo entiendo y no tengo perdón, sobre todo cuando consumo arroz varias veces por semana. 

Lo mejor de este arroz es su increíble mezcla de sabores. El comino, la canela, la miel, el azafrán, la naranja y el limón combinan entre sí de forma milagrosa para formar un plato exótico, contundente y a la vez delicado. La receta original lleva picadillo de cordero, pero éste se puede sustituir perfectamente por pollo, pato, cerdo o ternera… Supongo incluso que en su versión vegetariana este plato de arroz tampoco defraudaría.

Espero os guste mi propuesta de hoy y que no dudéis en prepararla de la forma que mejor os parezca. Aunque no es una receta navideña propiamente dicha, creo que esa mezcla de sabores y especias que caracteriza este pilaf está muy en armonía con los platos que preparamos en esta época. Buen provecho!

Feliz semana a todos! Hasta la próxima :)

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