Ensalada Waldorf {Madrid de mis amores}

Muy buenas a todos :) A los que no me habéis hecho la visita desde el año pasado, os deseo un muy feliz 2012. Mis mejores deseos para cada uno de vosotros.

Bueno, ya está, se acabó la fiesta y los tan esperados (o no) días feriados. Tengamos o no ganas, hemos de volver a la rutina diaria y a nuestras obligaciones. Es una pena, pero para que la fiesta sepa a fiesta, tiene que estar precedida de trabajo y quehaceres varios, ¿verdad? Tal vez para muchos signifique también volver a una vida un poco más austera y comedida en cuanto a actividades culinarias y de ocio se refiere ;-)

Mi vuelta a la rutina será bien corta, pues esta semana nos iremos a pasar unos días a Madrid, mi querido Madrid …. A pesar de que no nací ni crecí en esta ciudad, la siento casi-casi mía. Viví momentos muy lindos en mis ocho años como madrileña: allí conocí a mi marido, allí me casé y allí nacieron mis hijos, quienes sí son madrileños. No sé si ahora mis peques se sienten así, sobre todo cuando hablan en sueco el uno con el otro, pero yo sé que lo son y tal vez ellos así lo sientan algún día.

No es que viva llorado de pena por Madrid, su sol, su cielo azul y sus inviernos perfectos para mi gusto (con algo de frío y poca nieve)… No es que me muera de tristeza aquí por estas tierras, pero de vez en cuando no puedo dejar de acordarme de sus calles, del gentío y el tráfico a todas horas, de esa falta de tranquilidad y sosiego que en pequeñas dosis puede resultar bastante saludable, de sus bares y tascas, de los fabulosos pinchos del Mercado de San Miguel y de ese ritual, que me encanta y que sí echo de menos que es el APERITIVO. ¡Cuánto añoro salir por el barrio, tal vez dar una vuelta y terminar tomando el aperitivo!

Madrid es una ciudad estresante y por momentos áspera, pero a la vez cálida y hospitalaria. Fue una ciudad que me acogió de la mejor manera posible hace años, cuando cansada de mi experiencia sueca, quise probar suerte en la península y empezar desde cero una nueva vida… 

Dentro de unos días podré pasearme nuevamente por sus calles y sentir la vida que hierve en cada rincón, seré capaz de sumergirme en el bullicio y el caos urbano madrileño sin sentirme una “guiri”  (o extranjera). Podré reencontrarme con edificios, plazas y callejones queridos que estoy segura me llenarán de entrañables recuerdos. Entonces tendré la sensación de que nunca me fui, de que aún sigo allá y de que esa ciudad que tanto quiero aún me pertenece…. y yo a ella.

Y después de este introducción dedicada al Madrid de mis amores y sus encantos (para qué hablar de los desencantos, que sin dudas también he tenido), es hora de pasar a la receta de hoy, la ensalada Waldorf. Esta ensalada es todo un clásico de la cocina estadounidense y estoy segura de que es una vieja conocida de muchos. A mí es una de las ensaladas que más me gusta, por lo sencilla que es de preparar, por su sabor tan fresco y por su estupenda mezcla de texturas. Creo que es una ensalada sencilla pero muy sabrosa.

Existen varias versiones, pero la más cercana a la original, que se preparó por vez primera en en Nueva York en 1893, lleva tan sólo apio, manzana, uvas rojas (o pasas) y nueces. Todo esto aderezado con una sencilla salsa de mayonesa y limón. Hay quien le echa también pollo, pero la receta original no lo lleva. En mi opinión, lo más destacable es el fabuloso contraste de texturas: el toque crujiente del apio y la manzana, la suavidad de la uva y la textura un tanto más “elástica” que le aportan las nueces… En cinco minutos tenemos una ensalada clásica y sugerente.

Pues es todo por hoy…. Debido al viaje, estaré un poco “ausente” unos días. Intentaré concentrarme en Madrid y en los familiares y amigos que nos están esperando. A ver si mis peques se sienten un poquito madrileños, aunque sólo sea durante unos días ;-)

Desde este rinconcito de mi cocina quería desearles una buena semana y un mejor comienzo de año. Espero que el 2012 sea como esta flor: intenso, elegante y lleno de gracia.

Nos vemos a la vuelta en unos días. Sed felices :)