Jardín de invierno

Hoy hace un día feo. De esos días fríos, inhóspitos y poco acogedores. Incómodo de presenciar hasta del otro lado de la ventana. Está nevando desde ayer. Pero si anoche la nieve caía en copos enormes, sin prisas y como quien no quiere las cosas, hoy nieva con fuerza, casi con rabia, y las ráfagas de viento golpean despiadadamente las ventanas. No quiero salir, sólo el pensarlo me produce angustia. Daría lo que no tengo por poderme quedar todo el día acurrucada en el sofá, pero me temo que eso no es posible.  La vida continúa con sus exigencias, da igual la nieve, la lluvia o la ola de calor. 

En días como éste necesito más que nunca estar rodeada de flores. Me invitan a soñar y me hacen creer que todo es posible. Con un ramo de flores en  la mesa de la cocina, la estancia se ilumina, la realidad se vuelve más amable y los aires de primavera se sienten más cercanos que nunca. Me gusta imaginar mi casa como mi jardín de invierno particular, en el que la primavera es perpetua y donde yo voy concibiendo y alimentando mi propia realidad, sea cual sea el tiempo fuera. Igual que en la canción Jardin d’hiver…. Desde mi modesto jardín a mí también me gusta soñar con cálidos paraísos, con el sol y los atardeceres tropicales, con el mar y los picnics al aire libre, con esas servilletas de encaje heredadas de la abuela que me hubiese gustado tener y con mis teteras de mercadillo, testigo de tantas conversaciones ajenas y encuentros cómplices….Uf, me he puesto un poco lírica, lo sé, pero me gusta tanto esa canción. La podéis escuchar con la voz de Stacey Kent aquí. Por otro lado, con el tiempo así, no me pidáis demasiadas alegrías. Podría estar medio depre, pero no, aquí estoy, disfrutando de mis flores, de la música y de la vida en general ;-)

Y para que veáis que el frío no me da ningún miedo (después de haber vivido en Moscú varios años, donde en invierno los -20 grados están a la orden del día y donde viví el día más frío de mi vida con -37 grados), os muestro una foto que hice en la terraza de casa. Una terraza que está cubierta de nieve más o menos perpetua y adonde salí con la cámara y el trípode a hacer alguna que otra foto con espíritu invernal. Ese día hacía muchísimo frío, así que no duré en la terraza más de 10 minutos, que por cierto, me parecieron toda una eternidad. Al cabo del rato llegué a la conclusión que no tenía por qué  seguir castigándome de esa manera, que ya estaba bien de tanto experimento fotográfico, por lo que me refugié con muchísimo gusto en el interior de la casa con una buena taza de té…o café, ya no recuerdo. En fin, que después de haber hecho tan esfuerzo no podía dejar de mostrar la fotito, ¿no os parece?

Y en días gélidos como el de hoy ya se sabe que el cuerpo nos pide a gritos un buen plato de sopa. La sopa de pollo es un favorito para muchos y yo no soy una excepción. Sin embargo, por mucho que me guste la sopa de pollo de toda la vida (mi abuela cubana Ana preparaba una sopita de esas muy ricas), reconozco que me fascinan los caldos con sabores exóticos. Esta sopa de pollo es una verdadera joyita, sobre todo si os gusta la comida thai con esa mezcla tan sugerente de curry, coco y cilantro. A mí es una combinación de sabores que me conquistó hace tiempo desde la primera vez que la probé.

Es una sopa fácil y rápida de hacer, así que no hay excusas. Se puede congelar, aunque en ese caso habría que hacerlo sin los fideos. Éstos se pueden hacer por separado una vez descongelada la sopa.

Ya me contaréis que os parece. Espero os guste.

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Desde hace casi una semana me tomo el primer café de la mañana disfrutando de estos tulipanes rosas. Empezar el día recibiendo esta pequeña dosis de belleza tiene en mí un efecto casi terapéutico. Un día que comienza así de bien tiene más posibilidades de terminar de forma similar. Son micro momentos de felicidad que me dedico, sea cual sea el tiempo fuera. 

Os deseo a todos una buena semana, o lo que queda de ella, repleta de micro momentos dulces y entrañables. Sed felices :)