Sopa de boniato especiada {Explorando el hielo y esperando la primavera}

Febrero está a punto de terminar y aquí el invierno sigue en pleno apogeo, aunque a veces podamos tener  sensaciones contradictorias y añoremos la primavera con más ganas que nunca. Ayer salí a dar un paseo y me dio alegría ver cómo prácticamente toda la nieve se había derretido. Vivimos rodeados de agua por todas partes. Los lagos que están cerca de casa han comenzado su fase de deshielo, aunque no sé si es una fase pasajera. Todavía queda invierno por delante y estos meses de marzo y abril pueden jugarnos una mala pasada con tantos cambios en el tiempo. Justo ayer podíamos casi oler la llegada de la primavera, con un magnífico día de sol y zonas de hierba verde y fresca que parecían haber ganado su batalla particular a la nieve. Pero hoy la cosa es bien distinta, pues hemos amanecido con un manto de nieve que ha hecho trizas mis esperanzas de vislumbrar cualquier rastro de color verde debajo, y con uno de esos días oscuros y grises, que nos obligan a olvidarnos de la primavera y su maravillosa luz. En cualquier caso, si ya llevas tiempo aquí, sabes que estos meses son así, caprichosos y juguetones, no apto para ingenuos, desde luego ;-) Nunca olvidaré la TREMENDA nevada que cayo un día de mayo durante mi primer invierno por tierras suecas. Nieve en mayo… no sabéis el shock que sufrí, tardé años en reponerme a aquello. Menos mal que no he repetido experiencia, pero vaya estreno que tuve. Eso sí, recibimos nuestra recompensa. Aquel verano del 94 fue especialmente cálido, uno de los mejores veranos de los últimos años veinte años, que no es poco….

Estas últimas semanas los lagos se habían congelado para convertirse en pistas gigantes de patinaje al aire libre. Cada vez que cruzaba este puente que está cerca de casa (primera foto), no podía dejar de sentir un poco de pena por esos barcos, anclados ahí meses enteros, presos sin poder moverse en medio de tanto hielo. Por cierto, alguno de esos barcos es una casa, donde sus habitantes viven de forma permanente. No sé si yo podría vivir en un barco así, me da un no sé qué de sólo pensarlo. Levantarme por la mañana y verme rodeada de hielo y más hielo no sé si es algo que mi corazoncito caribeño podría aguantar. Ya hace bastante, ja ja… Además, no sé cómo resuelven el tema de la calefacción en invierno. Es algo que tendré que investigar, por si cambio de idea ;-)

Sé que en algunos lugares del mundo esto de vivir en barcos es algo bastante común y no hay que irse muy lejos para comprobarlo: un paseo por la siempre encantadora Amsterdam y sus canales nos abre las puertas al universo de las casas flotantes, un estilo de vida diferente y con mucho encanto, desde luego. Sin embargo, por mucho que me guste el agua, para vivir creo que me quedo con la casa no-flotante, léase firme y bien anclada, ja ja….

Y a pesar de que por aquí los tiempos del deshielo andan cerca, en otros lugares no muy lejos de Estocolmo, los lagos siguen totalmente helados. La verdad es que la visión de un lago congelado es sobrecogedora, un espectáculo casi mágico que bien vale la pena disfrutar. No soy muy amiga de pasear por aguas heladas, ya que a pesar del grosor del hielo, cada invierno se oyen casos de terribles accidentes: hielos que se rompen inesperadamente y gente que cae al agua, muy pocos logran salvarse…Aunque generalmente, es algo bastante seguro, no hay nada más que ver a las madres pasear por la superficie helada con sus cochecitos de bebé. Me encanta ver a mayores y menores patinar al aire libre y disfrutar de sus caras llenas de satisfacción; otros se dedican a pescar en el frío… sinceramente no sé cómo lo aguantan… En fin, hay actividades para todos los gustos, sólo hay que encontrar nuestro pasatiempo invernal preferido. El año que viene compraremos patines para toda la familia y nos lanzaremos a patinar, aunque primero H&M tendrían que aprender a hacerlo (deseadme suerte, pues con los pulmones que tiene mi hija ya puedo imaginarme sus gritos retumbar por toda la superficie del lago).

Estas fotos las tomamos el domingo en Mariefred, un pintoresco pueblito al sur de Estocolmo, sobre todo famoso por el Castillo de Gripsholm. Está situado junto al lago Mälaren, el cual todavía sigue bastante helado, doy fe.

Y bueno, después de un paseo a estas temperaturas, lo ideal es regalarle al cuerpo algo calentito, como es el caso de esta sopa de boniato especiada. Es un plato rico y reconfortante, con ese toque especial que le da el comino. Muy recomendable, os lo aseguro.

Yo la tomo como plato único, con un poco de pan y vino, y no puedo quedarme más a gusto. 

Imagino que también podría prepararse con calabaza en vez de boniatos, ya que ambos son un poco dulces y combinan a la maravilla con el chile y el comino. ¿Os animáis a probarla?

Guardar & Imprimir Receta

Y por último, quería comunicaros que desde este mes de febrero formo parte del equipo de colaboradoras de 1080 Fotos de Cocina, ese estupendo proyecto que seguramente muchos de vosotros conocéis. Estoy muy feliz de poder formar parte del equipo ya que éste está compuesto por unas bloggers y fotógrafas excelentes. Espero estar a su altura. Gracias por confiar en mí :)

Hoy se publica mi primera foto, la Receta 194: Judías blancas guisadas. Espero os guste.

Pues es todo por hoy. Os deseo una feliz semana. Yo tengo esperanzas de que esta nieve se derrita pronto para poder traerles alguna imagen más primaveral, aunque sea efímera. Pero nieve y hielo es lo que todavía tenemos por aquí, muy a mi pesar…

Nos vemos en unos días con algo dulce y delicioso, para perder el sentido :)