Tarta de lima {de aires primaverales y amaneceres escurridizos}

¿Os gustan las tartas de limón y lima? Espero que sí y que podáis disfrutar con este fabuloso postre que nos transporta a otras latitudes, muy muy cerca de mi tierra natal, Cuba. No es una tarta cubana, aunque está inspirada en la estadounidense Key lime pie, una tarta que se prepara  con una variedad de limas más pequeñas y aromáticas, típica de los Cayos de la Florida. De ahí el nombre :)

Esta tarta está hecha con limas “normales”, que por cierto, en Cuba llamamos limones, y es la única variedad de limones que he visto en la isla, la verdad. Jamás vi un limón amarillo por allá, de esos que abundan aquí en Europa.

Bueno, en cuanto a la tarta puedo decir que es una maravilla. Nunca he tenido una debilidad especial por las tartas de cítricos, pero desde hace un par de años las he descubierto y estoy muy feliz de haberlo hecho. Todavía tengo pendiente publicar una tarta de limón, os la debo, pero ya llegará ;-)

Éste es un pastel que huele a verano, aunque es apto para degustar todo el año. El toque de leche condensada es todo un acierto, le da un sabor y una cremosidad incomparable. La versión clásica  incluye una cobertura de merengue por encima, un paso que decidí evitar para hacerla menos calórica y para disfrutar del sabor de la lima como única protagonista.

Por otro lado, hay recetas en las que la tarta no se hornea con el relleno, simplemente se deja enfriar en la nevera durante toda la noche. Yo opté por la variante del horno; me parecía más fiable ;-)

Con este postre es imposible que no triunféis y lo mejor de todo es que cuesta bien poco prepararlo. Es ese tipo de tartas que siempre vale la pena tener en mente, por si un día andamos algo perdidos y sin demasiada inspiración culinaria. En mi caso, es una tarta que repetiré más veces, de eso no cabe duda. Ya me contaréis qué os ha parecido.

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Y cambiando de tema, lo que es la vida y sus ironías… Llevo días añorando la primavera. Sin embargo, esta semana, que hemos tenido un tiempo de lujo, con días cálidos y luminosos, he estado encerrada en casa cuidando de mis enfermitos. Se repite esa historia de siempre tan poco original y que os sonará muy familiar: primero mi hijo, luego mi hija y ahora también yo… Menos mi marido y el gato (al menos por ahora) andamos todos acatarrados, así que apenas he podido salir y disfrutar de este maravilloso tiempo. C’est la vie…. vendrán tiempos mejores ;-)

Y como todo en la vida siempre tiene su lado bueno (o casi siempre), esta semana ha sido bastante fructífera, a pesar de los catarros. He cocinado platos nuevos, he descubierto varias revistas de gastronomía que hasta ahora desconocía (gracias Zinio¡qué gran hallazgo!) y he tenido tiempo de revisar con calma algunos libros de cocina comprados recientemente y que me tienen enamorada. Sobre todo hay uno que no me canso de hojear. El otro día preparé una de sus recetas, así que ya hablaré de él más adelante.

Os dejo con otro cachito de mañana en mi cocina. Me encanta levantarme temprano y ver amanecer. Es un ritual que practico a diario y que me da mucha paz. Me encanta observar cómo los primeros rayos de sol van iluminando la cocina, los reflejos que dibujan en paredes y vitrinas y el calorcito con que me envuelven. Como estamos en el norte de Europa, a partir de ahora empezará a amanecer cada vez más temprano, con lo cual tendré que perderme más de un amanecer. Por otro lado, si se diera el caso, sería una buena señal. Eso querrá decir que a las cuatro de la mañana estaré durmiendo, y no dando vueltas en la cama, como tantas otras veces (soy de muy mal dormir y padezco de insomnio, muy a mi pesar). 

Espero os guste mi jarrón nuevo ;-) Está diseñado especialmente para tulipanes :)

Os deseo a todos una estupenda semana, llena de salud y vitalidad. Corren aires nuevos y hay que estar preparados.