Risotto de calabaza, salvia y gorgonzola {amor eterno}

Llevo meses y meses queriendo publicar una receta de risotto de calabaza. Soy una incondicional del arroz y el risotto es un plato que literalmente me vuelve loca. Soy feliz cada vez que lo preparo y me conquista sin remedio cada vez que lo como, y no son pocas las veces que lo he hecho, os lo aseguro. Así que en cuanto a mí respecta, creo que podría vivir de risotto todos los días, teniendo en cuenta la gran versatilidad de este plato y todos los ingredientes que podemos usar.

Sin embargo, hasta hace poco el risotto de calabaza era un gran desconocido para mí. El otoño pasado lo preparé por primera vez, aunque se trataba de otra receta. Aquella combinaba calabaza  y lima, dando como resultado un plato de espíritu bastante primaveral. Hace poco encontré la receta que os presento hoy, con salvia y gorgonzola y que sin lugar a dudas  ha pasado a ser una de mis favoritas. Sus tres ingredientes casan a la perfección, aunque yo haría hincapié en el papel que juega el queso azul, aportando carácter y cierto toque picante a este delicioso plato. Ahora que todavía quedan calabazas en el mercado, espero os animéis a probarlo.  Estoy segura de que será todo un éxito.

Más allá de su sabor y de su textura cremosa que en mí despierta pasiones, el risotto es un plato al que le tengo cariño por muchas razones. Es de las primeras recetas que aprendí a preparar cuando empezó a interesarme la cocina “un poco más en serio”, pues por aquel entonces trabajaba en un deli italiano. Se lo he preparado a mis padres en innumerables ocasiones, al igual que a mi marido y a mis hijos. Además, fue justo mientras preparaba un risotto de setas para mí solita, un  frío día de invierno hace ahora más de un año cuando llegué a la conclusión de que tenía que crear un blog de cocina, sí o sí…. pero ésa es otra historia y para otro momento la dejamos.

Cuando viví en Suecia hace años durante mi etapa pre-madrileña, era el plato que solía prepararle a mis amigas cada vez que cenábamos en casa, por petición expresa de ellas ;-) Por cierto, jamás podré olvidar una de esas cenas que tuvimos las tres, M, I y servidora. Al disponerme a preparar el arroz, me di cuenta de que no tenía ni un grano de arroz arborio en casa. Un dato preocupante si tenemos en cuenta que era fin de semana, las tiendas a punto de cerrar (o ya cerradas, ni me acuerdo) y que no tenía ningún buen supermercado cerca de casa. Mi amiga I se prestó a intentarlo yendo a la única tienda que tenía en los alrededores (no encontró el arroz, como era de esperar), mientras que mi amiga M aprovechó la espera para comunicarme que estaba embarazada de su primer hijo (un hermoso niño que hoy en día tiene nueve años). Al final fue una noche de fuertes emociones y en la que me tocó preparar  risotto con un arroz de grano redondo que en Suecia utilizan para hacer arroz con leche. Quedó comestible, pero poco que ver con un risotto de verdad. Cosas que pasan.

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No sé cómo es en vuestro caso, pero a pesar de lo mucho que me gusta cocinar y del tiempo que paso entre fogones, reconozco que a veces  me apetece que otros hagan las cosas por mí. Con dos niños pequeños, no siempre hay tiempo de planificar y ejecutar, sobre todo si se trata de visitas inesperadas y si el cansancio y la falta de tiempo son fenómenos recurrentes en nuestras vidas.

A veces es importante saber definir nuestras prioridades y no perder la perspectiva. Disfrutar de la velada y de nuestros invitados de forma relajada es después de todo lo más importante. Sobre todo si las horas que pasamos en la cocina nos pasan factura, corriendo para tenerlo todo listo a tiempo e impresionar a nuestros invitados con ese sufflé de queso o el sushi que hemos estado haciendo toda la tarde. Queremos quedar bien por encima de todo, aunque todo ese esfuerzo implique terminar en las últimas y salir a recibir  la visita  con ojeras pronunciadas, cara de cansancio y con ganas de que la noche, que aún es joven y que ni siquiera ha empezado, acabe ya de una vez para podernos ir a la cama cuanto antes. ¿Os suena de algo? Pues a mí me ha pasado más de una vez, a pesar de que disfruto muchísimo siendo la anfitriona, con todo lo que eso implica.

En momentos así poder pedir comida a domicilio por internet puede resultar una opción más que tentadora. Encontrar recogidos en una plataforma web como ésta que os presento hoy todos los restaurantes que sirven comida a domicilio y poder hacer nuestro pedido online  desde la comodidad de nuestro hogar me ha parecido un concepto interesante e innovador. Y si además, es gratis y con precios iguales o hasta más bajos que en los restaurantes, pues mejor todavía. ¡Lo que hubiera dado por poder pedir un risotto a domicilio aquella noche que quedé con mis amigas y me vi sin arroz arborio en la despensa!

Por otro lado y como gran amante de la cocina de otros países, lo que más me ha gustado de  este buscador de restaurantes es la diversidad de comida entre la que podemos escoger a la hora de hacer el pedido.  Desde comida japonesa, peruana o griega, muchas son las opciones que tenemos a nuestra disposición. Lo difícil es decidirse por una de ellas…. y no volver a repetir.

Buena semana a todos.