Granola casera crujiente {Felices vacaciones}

Ya estamos en abril, el mes de la Pascua, de los huevos pintados, del amarillo como protagonista y del tiempo un tanto traicionero e inestable. El mes de los primeros brotes y de las flores que tímidamente comienzan a invadir calles y jardines, llenándonos de alegría y esperanza. Aunque bueno, lo de los primeros brotes depende mucho de la latitud en la que vivimos, claro. Más al sur las cosas tienen otro ritmo, y la primavera es menos perezosa que por estos lares, qué le vamos a hacer.

Bueno, el caso es que abril me gusta más que marzo y los dos meses anteriores. Será también por el ambiente festivo y los días rojos del calendario, por los huevos de pascua rellenos de golosinas y por esos minutos de luz que nos va regalando cada día que pasa.

Cuando viví aquí hace años, solía sentirme muy decaída en primavera. Aquí lo llaman “cansancio primaveral”  y es algo que le pasa a mucha gente. Imagino que es consecuencia directa de la falta de luz  y del frío y largo invierno, el cual puede originarnos carencias de distintos tipos. Recuerdo que además de cansancio y decaimiento, notaba mucha tristeza, como si los días de luz no sirvieran para nada y el verano no estuviera a la vuelta de la esquina. No era capaz de disfrutar de todo eso que ahora me vuelve loca: las primeras hojas, los árboles en flor y ese maravilloso olor que trae consigo la primavera.

Después de haber vivido tantos años en Madrid, donde la primavera tiene otras ventajas, pero donde ésta no posee la increíble intensidad de la primavera nórdica, he aprendido a disfrutar inmensamente de esta época del año. El decaimiento primaveral que sufría antes se ha esfumado, gracias a lo cual puedo vivir estos meses de otra manera. Ahora respiro a bocanadas el aroma de los lilos en flor y le doy la bienvenida a la luz omnipresente, a ese verde intenso de las hojas nuevas, a las tardes largas e interminables y a los paseos vespertinos. Los caprichos del tiempo no me irritan igual que antes. Cada día de sol es recibido como un regalo, y ni las jornadas más frías, ni la lluvia, ni la nieve que ha caído durante los últimos días pueden doblegarme y sumirme en la desesperanza. La primavera ya está aquí, aunque a veces se le antoje retozar un poquito, y el verano y sus románticas noches blancas están más cerca que nunca.

Para alguien que ha pasado gran parte de su niñez en la isla mayor de las Antillas y donde sólo hay dos estaciones, la seca y la de lluvia y huracanes, el cambio de estaciones me parece  un verdadero milagro con ese morir y renacer cíclico. Cada estación tiene su encanto y su razón de ser y creo que en esa mezcla radica la verdadera belleza y sabiduría de la naturaleza. Antes yo vivía añorando el verano, ciega a los encantos de épocas más frías. Ahora intento ver el lado bueno de cada estación y esto me ha servido para reconciliarme con el invierno nórdico y para sentirme más feliz y en armonía con mi entorno.

Hoy quería compartir una receta para preparar granola casera, una propuesta deliciosa que se encargará de amenizar vuestros desayunos y de manteneros bien nutridos.

Se trata de un alimento energético formado por una mezcla de copos de avena, nueces, avellanas y frutos secos variados que se adereza con miel y se tuesta en el horno hasta lograr una consistencia crujiente. Es muy parecido al muesli, pero con ese toque irresistible de la miel y una textura crujiente mucho más interesante. La miel puede también sustituirse por sirope de arce, una variante que todavía no he probado.

Podemos acompañar la granola con leche o yogur natural….. y si es yogur griego, os aseguro que la perdición está asegurada :) Mi hija se la come tal cual, no necesita de ningún acompañamiento :)

De verdad, os recomiendo que la preparéis, no cuesta nada hacerla y la podemos adaptar a nuestro gusto, variando los frutos secos según la ocasión y añadiendo también un poco de fruta fresca.

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Os deseo a todos una estupenda semana y unas felices vacaciones, sean éstas largas o cortas, hagáis o no algo especial. Nosotros nos iremos unos días a Austria, en concreto a Salzburgo, conocida por ser la patria de Mozart. Tengo pensado comer mucho strudel, que me encanta, y disfrutar de la ciudad, a pesar de la lluvia que parece ser nos hará compañía durante esos días… Nos vemos a la vuelta, ya os contaré qué tal nos ha ido. Auf Wiedersehen!

Ah, no quería terminar sin contarles que con la foto de la tarta de almendra y pera que os muestro a continuación he resultado ganadora en el Evento Photoblog de marzo en la categoría Mejor Fotografía. Estoy muy contenta, y desde aquí quería darle las gracias a la anfitriona y al jurado por seleccionar mi foto. También quería felicitar a las demás ganadoras y a todos los participantes, pues al final lo más importante de todo es practicar, participar y aprender con el trabajo de los demás.

Bueno, ahora sí me voy, hasta luego o auf Wiedersehen!