Con las manos vacías {mini paseo por Trosa}

Voy a ser sincera. Para hoy tenía pensado publicar una receta, pero al final resulta que vengo con las manos vacías. No es que la receta no esté rica, pero por un error mío, el resultado final no fue el esperado (eso me pasa por inventar e improvisar). Le he dado mil vueltas a si publicarla o no, pero he decidido intentarlo de nuevo, pues es un postre maravilloso y bien se merece otra oportunidad. Además, sé perfectamente cuál ha sido el problema, así que para la próxima espero que quede de lujo. Para compartirla con todos vosotros.

Ya os dije que estoy teniendo una primavera más movida de la cuenta. Y ese movimiento-vaivén y a veces más bien corre-corre sigue, pues de forma inesperada nos ha surgido un viaje  a Madrid. De esos que no están en la agenda y que te obligan a ponerte las pilas en un par de días.  Nos vamos el viernes y andaremos por la capital unos cuantos días, así que por razones obvias, estaré algo alejada del blog. 

Por lo tanto, en estos últimos días no he tenido tiempo de volver a probar mi receta fallida. Ésta tendrá que esperar a que vuelva de Madrid con unas ganas locas de hornear (sí, la cosa va de horno), pues diez días son muchos días para mí y la estrecha relación que tengo con mi horno ;-)

Mientras tanto, os dejo con algunas imágenes de Trosa, uno de los sitios más entrañables y románticos que he visitado en Suecia. A tan sólo 60 km de la capital encontramos este precioso pueblo, donde reina una atmósfera tan bucólica e idílica, que no necesité más de diez minutos para enamorarme perdidamente de este lugar. 

También os dejo con unas ramas de lilo que me trajeron mis hijos (y mi marido) después de dar un paseo por el barrio. No está permitido arrancar las ramas, pero como saben lo mucho que me gustan estas flores, los pobres corrieron el riesgo con tal de darme esa alegría (¡GRACIAS!)

Bueno, no me extiendo más, es todo lo que tenía que decir. Ojalá me perdonéis la ausencia de receta. Espero poder compensar la espera.

¡Hasta pronto!