Banana bread con chocolate y jengibre confitado {Food is never just food}

El post de hoy es para mí un poquito especial. No porque  la receta sea espectacular, sino porque va dedicado a uno de los libros de cocina que más me han gustado de todos los que tengo, y no son pocos.  A Homemade life, de Molly Wizenberg (la autora de Orangette) no es ninguna novedad editorial, pues salió a la luz hace ya unos años. Es un libro sencillo que no presume de fotos impresionantes ni estilismos culinarios, ya que sólo recoge unas pocas, aunque entrañables ilustraciones. Sin embargo, a mí me parece un libro delicioso de principio a fin, que me llegó al alma nada más empezar a leerlo y que todavía hoy suelo releer de vez en cuando.  

Recuerdo que tuve que recoger el paquete de Amazon con éste y otros libros a una oficina de correo, situada en un polígono industrial al que nunca había ido. Me encontraba en la parada del autobús cuando abrí el paquete, saqué A Homemade Life y me puse a leer la introducción. Desde las primeras líneas me sentí tan impactada e identificada con la autora, que no pude reprimir la emoción y las lágrimas que a menudo la acompañan, y más en mi caso, que soy de lágrima fácil. Así las cosas, me vi llorando como una tonta, en la solitaria parada de un polígono industrial al sur de Estocolmo, aguantando la lluvia y el frío de finales de otoño, pero con una sensación de felicidad tremenda y un profundo agradecimiento por haberme topado con esta deliciosa obra.

Éste es un libro sincero, intimista y escrito con el corazón. Es por eso que me gusta tanto, pues no todos los autores logran transmitir su propia esencia y hacerlo con tal sencillez y honestidad, creando un vínculo con sus lectores difícil de romper. Yo le tengo cariño a Molly y no la conozco, pero ella se ha encargado de contarme a grandes rasgos la historia de su vida a través de las recetas que la han marcado y que más la representan. Leyendo sus historias me resulta difícil no cogerle cariño.

A pesar de todo, nunca había preparado ninguna de sus recetas. Tengo marcadas varias, pero el banana bread con chocolate y jengibre confitado que os traigo hoy fue el elegido para estrenarme. Con ese toque tan exótico de jengibre resulta un banana bread sugerente y novedoso. Si no podéis encontrar jengibre confitado, podéis obviar este ingrediente o sustituirlo por frutos secos, por ejemplo, por nueces. Eso sí,  con un  resultado bien distinto. 

Me alegro mucho de haber probado esta variante con jengibre, aunque mi versión favorita sigue siendo  la de plátano, chocolate y nueces, ¿qué le vamos a hacer?

¿Cuál es la vuestra, si es que tenéis alguna?

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A pesar del toque de jengibre, H&M disfrutaron bastante de este banana bread. Pensé que no les iba a gustar para nada. Eso sí, había que ver la cara de Hugo cada vez que tropezaba con un trocito de jengibre…. Pero bueno, así se van acostumbrando a su sabor desde temprana edad :-)))

Para despedirme os dejo con un pequeño fragmento de ese prólogo que me hizo llorar:

When I walk into my kitchen today, I’m not alone. Whether we know it or not, none of us is. We bring fathers and mothers and kitchen tables, and every meal we have ever eaten. Food is never just food. It’s also a way of getting something else: who we are, who we have been, and who we want to be. 

Traducido al español:

Cuando hoy día entro en mi cocina, no estoy sola. Lo sepamos o no, ninguno de nosotros lo está. Nos acompañan los padres, las madres, las mesas de cocina y cada uno de los platos que hemos comido alguna vez. La comida nunca es sólo comida. Es también una forma de comprender otras cosas: quiénes somos, quiénes hemos sido y quiénes queremos ser.

No podría estar más de acuerdo.

Siento mucho si esta entrada os ha parecido cansina y sensiblera. Obviando mi naturaleza sentimental, no podía dejar de comentar  sin más este libro y todo lo que me inspira. Os lo recomiendo de todo corazón.

Desde el norte de Europa, rodeada de frío y muuucha nieve, os deseo a todos una feliz semana. ¡Nos vemos!