Bizcocho de coco sin lactosa {Cuando aún era época de tulipanes}

Tarde noche de sábado. Reina la tranquilidad en toda la casa, signo de que sus miembros más revoltosos están fuera. Estoy sola y mientras disfruto a mi manera del silencio y el sosiego, me dedico a escuchar música. Espero que el poder de la música me ayude a levantar el ánimo y a encontrar algo de inspiración, perdida en las redes de una inoportuna laringitis que me tiene retenida en casa desde ayer.

Así transcurre mi fin de semana, entre pañuelos, tés calientes y siestas en el sofá. H&M también han estado con laringitis (a ellos dos le debo la mía), así que entre unos y otros llevamos lidiando con ella casi dos semanas. Con el fin de evadirme un poco y de hacer algo de provecho, no se me ocurre mejor pasatiempo que escribir esta entrada. Dicen que la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando….

Hablando de planes de fines de semana, el sábado pasado asistí al taller de Kinfolk, Preserving the Season, organizado aquí en Madrid por Ana y Elena, de Butter&Fly. Tal y como lo indica su nombre, en esta ocasión el taller estuvo dedicado a las conservas.

Al caer la tarde, y en un ambiente cálido y distendido, preparamos mermeladas, sales aromáticas y encurtidos. Los últimos rayos de sol calentaban la terraza donde se celebró el evento, tiñéndolo todo de dorado y dejando en el ambiente un resplandor mágico. Ya sabéis, la magia de la hora dorada hace que todo se vea más hermoso….Ya entrada la noche, terminamos la velada con una deliciosa cena informal en la que comimos, bebimos y nos conocimos un poco más. Compartimos impresiones e  historias de idas y venidas por el mundo. Esa noche volví a casa con mis botes de conservas, algún regalo más de parte de los organizadores y una sonrisa complaciente en la cara que me duró todo el fin de semana. 

Hice estas fotos con mi iPhone y las publiqué en mi cuenta de Instagram. Ya sabéis que me podéis seguir también allí :-) Últimamente he estado un poco vaga para coger la Nikon, por no decir, muy muy vaga. Con tantos cambios, estoy tomándome las cosas con más calma e intento no exigirme demasiado.  Estas semanas mi teléfono ha sido un gran compañero e Instagram el sitio donde vuelco mi creatividad con fotos más espontáneas y menos exigentes. Vendrán tiempos mejores ;-)

Hoy os traigo una receta que tenía preparada desde finales de primavera… cuando aún había tulipanes en el mercado. Está ligeramente adaptada del libro The Sprouted Kitchen, de Sara Forte. Una lectura más que recomendable para todos aquellos que se interesen por una cocina más sana y no por eso menos rica. He preparado algunas de sus recetas y todas con muy buen resultado.

Se trata de un bizcocho de coco que no lleva ni leche ni mantequilla. Está hecho con leche y aceite de coco, ideal para los que sufren intolerancia a la lactosa. Lo preparé con harina de espelta y aunque prefiero los bizcochos hechos con mantequilla, pues creo que su sabor es insustituible, ésta es una buena alternativa a tener en cuenta. Su textura es distinta, se desbarata con más facilidad, aunque es cierto que mejora una vez que el bizcocho se enfría.

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Noche de domingo. Han pasado más 24 horas desde que comencé a escribir esta entrada. Ya estamos en la recta final de un fin de semana con más penas que glorias…. Hoy ya me encuentro algo mejor, así que mañana me espera la vuelta a la oficina y con ella las obligaciones, los madrugones, las idas y venidas del cole y las prisas matutinas. Aunque para ser justos,  también me esperan desayunos y cafés con los compis, risas, confidencias y conversaciones que a menudo se prolongan más allá de la comida. En fin, me esperan muchas cosas, y espero que muchas buenas.

Feliz semana, amigos.