En busca del tiempo, la ilusión y los viejos hábitos {Bollitos de manzana y cardamomo}

Poco a poco voy volviendo a mi ser. No al mismo ser de hace unos meses, pues mi vida ha cambiado, y bastante, pero me conformo con recuperar la esencia. Rescatar algo de calma entre tanta vorágine diaria y de retomar actividades que me gustan y que me hacen feliz. Como estar en casa un día de lluvia y cocinar, por ejemplo.

Desde que volvimos de Suecia no había tenido una mañana tan productiva en el terreno culinario. Ayer cociné a gusto, hice fotos y hasta me dio tiempo de empezar con la edición. Qué decir…. volví a sentir ese cosquilleo nervioso, la ilusión al coger la cámara y unas ganas inmensas de compartir ese momento con medio mundo. Desde mi modesta cocina madrileña, me sentí feliz… fue casi como volverme a enamorar. No es que no haya cocinado durante todo este tiempo, pero sinceramente, no me veía con fuerzas de documentar el resultado.

Los frutos de esa mañana tan culinaria la veréis en el próximo post, el cual espero no tarde demasiado en llegar. Mientras tanto, os dejo con unas pequeñas delicias recién salidas del horno. No está nada mal para una mañana de domingo, ¿verdad?

Hice estos bollitos en verano.  Increíblemente ricos. Suaves, esponjosos y ligeros. Con un delicado sabor a manzana y un irresistible aroma a cardamomo y coco. En cuestión de una semana los hice dos veces, pues con la excusa de que son una versión más ligera de los bollos  suecos de toda la vida, me entregué  a ellos con entusiasmo desmedido. Lo confieso, tengo debilidad por la bollería artesanal y en especial, por los bollos de canela escandinavos. Podría comerlos a diario y no aburrirme en la vida. Tantos años de vivir en Suecia dejan huella.

Estos bollos no llevan ni una gota de canela, pero la verdad es que tampoco la necesitan. La manzana, el coco y el cardamomo se llevan de maravilla; doy fe.  Eso sí, llevan menos azúcar y mantequilla, la cual, por cierto, puede sustituirse en su totalidad por aceite de coco. Yo utilicé una mezcla de ambos, pues reconozco que también tengo debilidad por la mantequilla (tienen razón aquellos que han comenzado a sospechar que mi lista de debilidades confesable podría extenderse al infinito, ja ja).

Tenéis que probar estos bollos, os lo ruego. Os van a encantar, lo prometo.

La receta sale publicada en el libro The Green Kitchen, escrito por los creadores del maravilloso  blog de cocina vegetariana, Green Kitchen Stories. El libro es estupendo de principio a fin, al igual que el blog, que es uno de mis preferidos. Con unas fotos y recetas que siempre logran dejarme boquiabierta. Si no conocéis este blog, corred a verlo.

{Descargar el pdf de la receta}

Hoy el cambio de hora nos ha regalado una hora más. O al menos, eso nos hacen creer, antes de volver a quitárnosla luego en primavera…. Da igual. El tiempo que tenemos es el que es, y nos toca sacarle al día el mejor partido. Hacer malabares  a diario y pequeñas maravillas de vez en cuando para no perder la perspectiva y mantener la chispa. El tiempo, o más bien la falta del mismo, se ha convertido en mi mayor problema. Un problema que sólo el tiempo dirá cómo ir solucionando.

Feliz domingo y  feliz semana.