Carbonnade flamande & Albaricoques con queso fresco, pistachos y miel

¡Muy buenas, queridos míos!

Casi tres meses sin publicar….y no sé ni por dónde empezar. Os pido perdón por desaparecer tanto tiempo de la blogosfera. Sé que aquí no hay obligaciones de por medio, pero como compensación os dedico un autorretrato con mi flor preferida y un par de recetas que espero os gusten tanto como a mí.

peonía, autorretrato

A pesar del aparente silencio, estos meses están siendo para mí de lo más intensos. Estoy abonando el terreno para el cambio (léase encajando las piezas del puzzle), ese cambio del que os hablé en mi último post. Dividida entre dos mundos, mi cabeza no para de procesar información y de producir  ideas que brotan a la superficie con cierto desespero y con la esperanza de ser la idea definitiva. Esa gran idea que lo cambia todo y que le aporta un nuevo sentido a toda tu existencia.

Lo siento si me he puesto un poco mística, pero estoy en una etapa de mi vida, en la que la intuición, la armonía y la inspiración están desempeñando un papel clave.

Sé que ya ha llegado el verano y puede que os sorprenda un poco compartiendo la receta de un guiso de carne a estas alturas. Sin embargo, me voy a arriesgar, pues este delicioso plato bien vale la pena el riesgo de que os molestéis un poco conmigo (pero sólo un poquito, eh).

Carbonnade flamande es un guiso de origen belga, o flamenco, para ser exactos, y que se prepara con cerveza belga, de la oscura. Además de la intensidad que la cerveza le aporta al sabor, el aspecto más característico de la carbonnade, es el contraste entre el dulzor de la cebolla caramelizada, el punto ácido del vinagre de cidra y el amargor de la cerveza. Un plato contundente, aunque algo más ligero que el beuf bourguignon (hecho a base de vino), y que os recomiendo sí o sí.

 

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Receta Carbonnade

Y para terminar, un postre súper sencillo. Tan fácil de preparar, que no necesita receta alguna. Es más una idea, una inspiración para preparar ricos postres con frutas de temporada.  Las cantidades son al ojo y podéis sustituir los albaricoques por cualquier fruta de hueso, tipo nectarinas, melocotones o ciruelas.

Partir en dos unos cuantos albaricoques. Derretir un poco de mantequilla en una sartén, añadir la fruta y espolvorear con un poco de azúcar. Dejar unos minutos por cada lado hasta que la fruta esté dorada. Servir un poco de queso fresco batido (o yogur) en un cuenco, añadir los albaricoques y terminar con un chorro de miel y pistachos troceados.

Ya está: bueno, bonito y barato ;-) Y lo que es más importante todavía: ¡sano y delicioso!

El tiempo se me escapa entre las manos y el cansancio logra vencerme casi a diario, pero espero volver con otra receta y jugosas noticias más pronto que tarde. Muchas gracias por estar ahí, por leerme, por escribirme. Sabéis lo mucho que eso significa.

Feliz verano, feliz semana y felices vacaciones para los que ya estén disfrutando de ellas :)